Hidroxicloroquina en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes sistémicas

Febrero 2016

ARTÍCULOS DE REVISIÓN 232 Rev Med Chile 2016; 144: 232-240 Hidroxicloroquina en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes sistémicas Álvaro Danza1,2, Diego Graña1, Mabel Goñi1, Andrea Vargas1, Guillermo Ruiz-Irastorza2 Hydroxychloroquine for autoimmune diseases Hydroxychloroquine (HCQ) is by far the most frequently used antimalarial for the management of Systemic Autoimmune Diseases. It has immunomodulatory, hypolipidemic, hypoglycemic and antithrombotic properties and it diminishes the risk of malignancies. The most important mechanisms to explain the immunomodulatory actions are its ability to reduce inflammatory pathways and Toll-like receptors activation. The safety profile is favorable. In spite of its low frequency, retinal toxicity is potentially severe. In systemic lupus erythematous HCQ therapy reduces activity, the accrual of organ damage, risk of infections and thrombosis and improves the cardiometabolic profile. It contributes to induce lupus nephritis remission, spares steroid use and increases survival rates. In rheumatoid arthritis, it improves cardiometabolic risk and has a favorable effect in joint inflammation. In Sjögren’s syndrome, an increased lacrimal quality as well as an improvement in objective and subjective inflammatory markers has been demonstrated with HCQ. In Antiphospholipid Syndrome, HCQ is effective in primary and secondary thrombosis prevention. The effectiveness of the drug in other systemic autoimmune diseases is less established. HCQ therapy may improve dermatological manifestations in Dermatomyositis and may have a positive effects in the treatment of Sarcoidosis and Still disease. (Rev Med Chile 2016; 144: 232-240) Key words: Antiphospohlipid syndrome; Autoimmune diseases; Hydroxychloroquine, systemic lupus erythematosus; Rheumatoid arthritis; Sjögren’s syndrome. 1Unidad Docente Asistencial en Enfermedades Autoinmunes Sistémicas y Reumatológicas. Clínica Médica, Departamento de Medicina, Hospital Pasteur, Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Facultad de Medicina, Universidad de la República. Montevideo, Uruguay. 2Unidad de Investigación de Enfermedades Autoinmunes. Servicio de Medicina Interna. BioCruces Health Research Institute. Hospital Universitario Cruces. Universidad del País Vasco (UPV)/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU). Barakaldo, España. Recibido el 19 de mayo de 2015, aceptado el 22 de septiembre de 2015. Correspondencia a: Dr. Álvaro Danza. Almirón 5082, CP 11400. Montevideo, Uruguay. alvarodanza@gmail.com Las enfermedades autoinmunes sistémicas (EAS) constituyen un conjunto de entidades caracterizadas por la presencia de autoanticuerpos dirigidos contra diversos parénquimas, lo que determina manifestaciones clínicas variables y frecuentemente difíciles de sistematizar. Eventualmente cualquier parénquima puede expresar manifestaciones de la enfermedad. Son característicos el compromiso cutáneo, mucoso, articular, seroso, de las glándulas salivales, hematológico, nefrológico, oftalmológico y del sistema nervioso central, entre otros1. El tratamiento de las EAS clásicamente comprende diversos fármacos, entre los que se destacan glucocorticoides, antiinflamatorios no esteroideos, inmunosupresores, antimaláricos y, más recientemente, terapias biológicas dirigidas contra blancos moleculares específicos2,3. Los antimaláricos han sido ampliamente empleados en el tratamiento de las EAS, especialmente en lupus eritematoso sistémico (LES) y artritis reumatoide (AR), desde hace largo tiempo. El primero en emplearse fue quinina, hace ya casi 100 años, para el tratamiento del LES. Actualmente se emplean hidroxicloroquina (HCQ), cloroquina (CQ) y quinacrina4.


Febrero 2016
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