Respuesta del Editor

Febrero 2016

CARTAS AL EDITOR / letter to the editor mantener el timón en el rumbo correcto y alejado de los cantos de sirenas. Asimismo, no debemos olvidar ser extremadamente 274 cuidadosos, evitando que la interacción con otros se transforme en coacción, manteniendo nuestra plena independencia, para que la toma de decisiones vaya enfocada en el fin último que todos buscamos, y que es lo mejor para cada uno de nuestros pacientes. Leonardo Soto G.1 1Médico Internista, Intensivista. Centro de Pacientes Críticos Clínica Las Condes y Facultad de Medicina, Universidad de Chile. Santiago, Chile. Referencias 1. Besio MR. El acto médico: ¿una creación original? Acta Bioethica 2010; 16 (1): 51-60. 2. Yourcenar M. Memorias de Adriano. Editorial Salvat, 1994. 3. Morales Camporredondo I. El manejo del paciente VIP en medicina crítica. Acta Médica Grupo Ángeles, 2007; 5 (4). Respuesta del Editor Creo que el llamado de atención del Dr. Soto fue motivado por la presión asistencial peculiar de los servicios de urgencias y las unidades de cuidados intensivos, que conduce con mayor frecuencia al burnout de sus médicos y todo su personal. Si la intención fue convencerlos de eliminar la sensación de que a veces están frente a personas que “no son tan iguales”, ello tiene un matiz que es irreal y otro que podría ser éticamente inadecuado. Me parece irreal proponer a un médico y al personal que lo acompaña, que sienta lo mismo si le advierten que en el box de consulta lo espera “don Francisco Solovera” o “Don Francisco”. Y que, a continuación, actúe como si no hubiese sentido diferencia alguna. Me parece dudosamente ético proponer que no reaccione de modo especial si el paciente por atender es un médico, o un familiar cercano de un médico quien, a su vez, espera tener acceso directo y personalizado a la información clínica pertinente. Ya durante mi época de interno de medicina y después, siendo residente becario de Medicina Interna, advertí que mis docentes y aun médicos que no me conocían, mostraban una deferencia especial al atender a mis familiares cercanos. Posteriormente, tuve el placer de ser autorizado para presenciar, en el pabellón respectivo, el nacimiento de mis dos hijos y mis siete nietos, sin ser yo obstetra y en una época en que no se permitía la presencia de personas ajenas al equipo respectivo. He tenido el privilegio de ser atendido con cariñosa cortesía, como paciente, no solo por quienes fueron ex alumnos míos, sino también por médicos que apenas me conocían por mis Correspondencia a: Dr. Leonardo Soto G. Centro de Pacientes Críticos Clínica Las Condes. Av. Estoril 450, Las Condes, Santiago, Chile. lsotog@clc.cl antecedentes profesionales, particularmente mi condición de ex jefe de servicio (que menciona como ejemplo en su carta). Creo que en estas situaciones y actitudes algo pudo tener que ver un par de frases de un documento que se mantiene vigente dos mil cuatrocientos años después de su génesis: “…A aquel que me enseñó este arte, lo estimaré lo mismo que a mis padres;…Consideraré su descendencia como mis hermanos,…”1 La ansiedad inevitable en la condición de paciente, o familiar cercano de un paciente, la sentimos los médicos como todo paciente, tal vez muchas veces con mayor intensidad, sobre todo si enfrentamos la posibilidad de un pronóstico sombrío. En esas situaciones nos parece que tenemos un derecho natural a recibir un trato particular, como “VIP”. Pido al Dr. Soto y sus colegas de especialidad que enfrenten con realismo una situación consustancial a nuestra profesión, que se vive en todo el mundo, tal vez desde que existimos como médicos. Alabo su intención de que “la toma de decisiones vaya enfocada en el fin último que todos buscamos, y que es lo mejor para cada uno de nuestros pacientes”. Concuerdo en que “deben conducirse de buena forma,… de la mejor forma”, pero no creo que deban hacerlo “de la misma forma”. Además, quiéranlo o no, algún día serán también “VIP”. Humberto Reyes B. Editor, Revista Médica de Chile. Referencia 1. Juramento Hipocrático. Portal del Colegio Médico de Chile, www.colegiomedico.cl Rev Med Chile 2016; 144: 273-274


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