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Febrero 2016

ÉTICA MÉDICA 255 Una tercera proposición consistió en que si una persona no deseaba que sus herederos accedieran a su ficha clínica, podría dejar expresa constancia de ello en su testamento. Esta idea, poco práctica sin duda, dado que sólo una minoría de los chilenos otorga testamento, tampoco fue acogida. Al leer la historia de la ley, es llamativo que este tema de la confidencialidad, que es crucial para el paciente, no les haya parecido a los parlamentarios de suficiente importancia, como para dedicarle una discusión más extensa y con mayor profundidad, particularmente en lo tocante al ámbito ético. Contrasta con el tiempo que dedicaron a deliberar en torno a aspectos operacionales como el lapso en que debía guardarse la ficha clínica o puramente formales tales como el modo en que debía requerirse la información por parte de instituciones públicas o privadas. No puede menos que causar extrañeza que hayan decidido privilegiar el debate de estos tópicos, a los cuales les dedicaron extensas jornadas, en vez de aquel otro, el de la confidencialidad, en la que descansa la confianza que el paciente requiere tener respecto de su médico. Así, el artículo 13 de la Ley 20.584 quedó desprovisto de la cautela propuesta por el ejecutivo en su proyecto original, que intentaba no dañar al titular de la ficha clínica, estuviera este vivo o fallecido, siendo promulgado con la siguiente redacción: “… Sin perjuicio de lo anterior, la información contenida en la ficha, copia de la misma o parte de ella, será entregada, total o parcialmente, a solicitud expresa de las personas y organismos que se indican a continuación, en los casos, forma y condiciones que se señalan: a) Al titular de la ficha clínica, a su representante legal o, en caso de fallecimiento del titular, a sus herederos…”3. Esto significa que, legalmente, los herederos de un paciente fallecido pueden, desde la entrada en vigencia de la ley en comento acceder a toda la información registrada por un médico en una ficha clínica (personal o institucional), aunque esta información les haya sido entregada en forma estrictamente confidencial. De este modo, la institución del “secreto médico”, que con tanto celo han respetado los médicos durante siglos y en la que han confiado los enfermos por igual lapso, ha desaparecido por el imperio de una ley cuya discusión sobre este aspecto no tuvo la profundidad que hubiera merecido. Paradojalmente, esta ley que intentó primordialmente resguardar la información médica de las personas, dificultando enormemente la investigación científica hasta hacerla muchas veces impracticable, ha llevado a que la institución del “secreto médico” prácticamente desaparezca después que una persona ha fallecido6,7. Ello es lamentable y preocupante, pues no es excepcional que los enfermos entreguen a su médico información que bajo ninguna circunstancia comunicarían a sus familiares. Esto, porque su conocimiento pudiera afectar su honra o su honor frente a sus seres queridos y podría generar conflictos que el silencio permite evitar. Una vez ocurrido el fallecimiento, la oportunidad de aclarar las cosas ya no existirá. Esta ley, al establecer tácitamente que la ficha clínica es un “bien heredable”, ha distorsionado en forma notable su esencia. Esta situación fue considerada previamente en la Declaración de Lisboa sobre los derechos del paciente de la Asociación Médica Mundial en 1981 y reafirmada en abril de 2015, redactando en su artículo N° 8 el “Derecho al Secreto”, estableciendo literalmente en el punto a) “Toda la información identificable del estado de salud, condición médica, diagnóstico y tratamiento de un paciente y toda otra información de tipo personal, debe mantenerse en secreto, incluso después de su muerte. Excepcionalmente, los descendientes pueden tener derecho al acceso de la información que los prevenga de los riesgos de salud”8. Recientemente fue publicado en la Revista Médica de Chile un artículo sobre las amenazas actuales a la confidencialidad en medicina en que se tratan con profundidad algunos aspectos éticos sobre el tema nuestro artículo 9. A los médicos, en cumplimiento del juramento Hipocrático efectuado solemnemente al ser investidos como tales10,11, no les queda otra medida para cautelar la confidencialidad de los datos más íntimos entregados por sus pacientes bajo la condición del “secreto médico” que abstenerse de su registro en las fichas clínicas. Solución que dista mucho de ser beneficiosa, tanto para los pacientes como para los médicos, ya que su omisión podría retardar el diagnóstico o el tratamiento de algunas patologías. Violación del secreto médico - J. Vega et al Rev Med Chile 2016; 144: 253-256


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