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Febrero 2016

ARTÍCULOS ESPECIALES Propuesta Reconstrucción Salud Mental Terremoto 2010 - R. A. Figueroa et al porque dichos trastornos, en especial el TEPT, generan una importante carga social al deteriorar el funcionamiento familiar y de pareja9-10, comunitario 248 y laboral11 y al aumentar la incidencia de suicidio12. Así, esta clase de patología mental puede constituirse en uno de los principales obstáculos para el logro de una reconstrucción efectiva. De las personas que desarrollan TEPT, un tercio se mantiene con síntomas después de una década6, por lo que aún existe una ventana de oportunidad para tratar a quienes desarrollaron secuelas emocionales luego del 27F y persisten con dificultades en su funcionamiento cotidiano. En esta línea, el documento “Diagnóstico Estado de la Reconstrucción Terremoto y Tsunami 27 de febrero de 2010” sugirió incorporar a la salud mental como un capítulo básico y transversal de todo el proceso de reconstrucción, no tan sólo para recuperar a las personas que quedaron con secuelas emocionales del terremoto y tsunami, sino también para fortalecer la capacidad permanente de respuesta frente al trauma, lo que ha sido considerado por algunos expertos como una oportunidad hacia la construcción de un mundo con menor miseria. La reconstrucción no sólo debería ser una oportunidad para volver a levantar lo que ya se tenía, sino que también para fijar nuevos desafíos en materia de progreso y justicia social, como ha sido propuesto por la OMS en su documento Volver a construir mejor: atención de salud mental sostenible después de una emergencia13. Tres meses después del terremoto y tsunami del 27F, 11% de la población nacional presentaba un probable TEPT, alcanzando a más de 23% de la población en las regiones que fueron declaradas en Estado de Catástrofe. Considerando que el TEPT afectaba al 2,4% de la población del país antes del terremoto14, este desastre produjo un aumento de la prevalencia del trastorno de 500%, con mayor riesgo de desarrollo especialmente en las mujeres y en las zonas urbanas, así como en aquellas personas que el año 2009 se encontraban en condiciones de mayor pobreza, precariedad habitacional, inseguridad laboral o enfermedad (Figueroa RA, Bas C, Padilla O. Posttraumatic stress in Chile three months after the february 27th 2010 earthquake: A prepost disaster longitudinal analysis of socioeconomic risk factors in a national representative sample of 27,593 adults. Presentado en el XVI Congreso Mundial de Psiquiatría, Madrid, 14-18 de septiembre, 2014. In Abstracts book-Regular symposia, Vol. 2: 522). Esto es consistente con la literatura internacional que muestra que la pobreza, ser mujer, estar en la edad media de la vida, haber estado más expuesto al evento, experimentar eventos secundarios posteriores al trauma y presentar otros problemas psiquiátricos previos son factores asociados a mayor riesgo11. Otro grupo importantemente afectado fueron los funcionarios de salud, que debieron enfrentar la emergencia desde dos facetas: afectados directos e intervinientes. Por ejemplo, en una muestra de funcionarios de la atención primaria de Constitución, 20% presentaba síntomas compatibles con TEPT15. Lo anterior refleja cómo una vez más los determinantes sociales de la salud impactaron en el desarrollo de este trastorno psiquiátrico16. Al estar estos determinantes fuertemente vinculados a condiciones de justicia social, es un imperativo ético del Estado efectuar todas las acciones posibles para recuperar la salud mental de los afectados, especialmente de los más pobres, grupo que sistemáticamente ha enfrentado un mayor riesgo para ésta y otras patologías. Además, y dado que las secuelas psicológicas del trauma se relacionan con delincuencia y problemas sociales11, focalizarse en su tratamiento es una herramienta básica de reconstrucción y, por lo tanto, una línea de trabajo ineludible en este contexto. Con el objetivo de aportar conceptualmente a la reflexión sobre cómo abordar los problemas detectados por la Delegación Presidencial para la Reconstrucción, en este trabajo se propone un conjunto de acciones agrupadas en diferentes niveles según el esquema previamente propuesto por Figueroa, Marín y González (2010) en el artículo Apoyo psicológico en desastres: propuesta de un modelo de atención basado en revisiones sistemáticas y metaanálisis, publicado en esta revista17. De acuerdo a este trabajo, el apoyo debería estructurarse en cinco niveles de intervención: Nivel I, difusión; Nivel II, apoyo social, Nivel III, manejo médico general, Nivel IV, manejo psiquiátrico general y Nivel V, manejo psiquiátrico por expertos. En esta propuesta no incluiremos acciones del quinto nivel porque se consideran experimentales. Nivel I En un primer nivel de intervención las estrategias de promoción de la salud y comunicación social planificada, dirigida, estructurada y siste- Rev Med Chile 2016; 144: 247-252


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