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Febrero 2016

ARTÍCULOS ESPECIALES 242 El cadáver humano en arte y bioética - G. Figueroa Rev Med Chile 2016; 144: 241-246 que, desde ese instante, constituye el cadáver. Pero además el morir es un hecho cultural, esto significa histórico, porque, en lugar de estar en la historia, el hombre “es” histórico (zeitlich)17-19. Es en la historia donde ha exhibido profundas diferencias en las diversas civilizaciones, relegando lo biológico a ser sólo una parte del proceso20,21. Así Ariès distinguió cuatro maneras de morir en Occidente amaestrada, propia, ajena y prohibida22,23. Partiendo de la medicina, Gracia recordó que la eutanasia es, etimológicamente, bien morir o morir según la perfección porque, para Platón y Aristóteles, la finalidad de la existencia -la eudaimonía o felicidad- es vivir y actuar acatando el bien (eû)24. Desde Grecia, el morir se desarrolló en tres etapas: ritualizado, medicalizado y autonomizado. En la primera, el rito garantiza el paso de un estado a otro; en la segunda, el médico se encarga de conducir a buen término la finalidad de la vida puesto que su conocimiento sanciona lo óptimo; en la tercera, el salto se invierte porque ahora es el paciente el que decide su bien morir, más allá de tuiciones religiosas o profesionales. La bioética médica generó este viraje al subordinar el principio de beneficencia al de autonomía: el enfermo determina cuál es su destino final, más allá si doctores, familiares o sociedad no compartan su decisión25. Los progresos biomédicos -especialmente, suspender todo tipo de terapia y donación de órganos- pusieron en cuestión no sólo el decidir, sino dos asuntos decisivos pero distintos ¿cuándo alguien objetivamente está muerto? y ¿cuándo se le considera cadáver? Clásicamente, se hablaba de “muerte natural” al producirse la cesación de las funciones del corazón y pulmón, concepción griega que postulaba que la muerte es pérdida del espíritu vital. El hombre es animal, aunque racional (zoon lógon ekhón)26, por lo que el criterio de muerte se centró en lo cardiopulmonar, ya que el atributo de lo animal reside en el corazón. Este procedimiento no fue certero: puede ocurrir su cesación sin que el sujeto pierda el espíritu, pero ahora propio de la vida intelectiva, como en traumatismos cerebrales27. Controversias surgidas de la medicina de urgencia y, específicamente, del estado vegetativo permanente, dieron originen a una nueva conceptualización, más allá de las dos muertes del espíritu-vital y del espíritu. Son pacientes con privación irreversible de su conciencia, aunque sin cesación de las funciones cardiopulmonares; están vivos aunque muertos corticalmente, por lo que jamás recuperarán su condición propiamente humana. Pero existe un nivel más primario que la muerte cortical: la muerte del sistema nervioso. Estas distinciones resolvieron dilemas sobre la donación de órganos y se habló de donación de vivo a vivo. La bioética entró en el debate y planteó sus reparos tanto en relación a la determinación del momento de la muerte como en la definición de cadáver. Lo que buscó fue respetar los principios de no-maleficencia y justicia que, aunque prima facie, constituyen los mínimos éticos de la medicina. Se optó por “muerte cerebral” y, en lugar de “donación de vivo”, se prefirió “donación de cadáver”. Esta reconceptualización eliminó parte de las proclamas morales cómplices de eutanasia directa, considerando al cadáver un “bien social” antes que un “bien privado” para evitar vulnerar la autonomía del sujeto28,29. Actualmente el cadáver comprende una triple dimensión: social-histórica, médica y bioética. La bioética ha acentuado que es una condición de la existencia humana y, como tal, se rige según el principio fundamental de Kant: respeto de todos los seres humanos porque tienen dignidad30. Pero este principio no es absoluto y a priori, tiene una estructura histórica y requiere, para ser aplicado, proceder con prudencia, sabiendo que nunca se alcanzará la certeza absoluta cuándo se está frente a un cadáver. Solamente al ingresar en la etapa que Virchow catalogó de muerte celular existe certeza total. La Pietà Rondanini El arte es un modo de conocer la realidad que, más allá de la belleza, intenta acceder a su esencia. Heidegger recalcó que, a diferencia de la ciencia (médica) que demanda certeza y validez mediante el imponer, calcular, someter, el arte trae-a-presencia lo latente, des-encubre lo velado, deja-ser (sein-lassen) al fenómeno mismo31-33. Un tema atraviesa toda la obra de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564): el cuerpo humano34. Si Heidegger ha señalado que el Dasein humano es ser-en-el-mundo, Miguel Ángel hace suya esta caracterización, pero entendiéndola a partir de la corporalidad. No se trata de una oposición ni menos rectificación -especie de reproche anticipa


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