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Revista Medica de Chile Enero 2016

EDITORIAL 9 Reforma curricular que acorta estudios de medicina.- H. Reyes todo con el uso de tecnologías especializadas), una distinta imagen social, la mayor facilidad para ganar experiencia cuando se trabaja en un área reducida de situaciones clínicas. El nuevo programa de la Universidad Católica de Chile no declara como objetivo primario el fundamento económico mencionado por algunas escuelas norteamericanas, sino que se basaría en condiciones detectadas en su propio ambiente de estudiantes, de académicos y de recursos para la docencia: los alumnos que ingresan a su escuela de medicina tienen una preparación previa de calidad alta y uniforme, y están motivados positivamente; el cuerpo docente ha sido preparado en metodología educacional moderna y manifiesta espíritu de pertenencia institucional, aptitud para adaptarse a los cambios y compromiso con la formación de los estudiantes; los campos clínicos son suficientes y adecuados; la institución ha puesto en práctica un sistema de autoevaluación que involucra a docentes y alumnos, permitiéndoles corregir oportunamente las deficiencias que se detecten. Y un argumento trascendental reside en que la mayor proporción de sus egresados opta de inmediato por una beca de especialización, lo cual justificaría reformular el perfil de egreso de sus graduados1. La tendencia a preferir una formación en especialidades médicas apenas recibido el título profesional ha sido identificada en varias escuelas de medicina del país. El perfil de egreso enunciado por la mayoría de las escuelas de medicina chilenas es heterogéneo y varía desde un perfil “generalista” o de “médico integral” hasta una orientación explícita a la especialización inmediata5. En ciertos casos las declaraciones institucionales entremezclan sus intenciones con una ambigüedad difícil de entender. En las décadas de 1950 y 1960, se esperaba que de las escuelas de medicina egresaran profesionales capacitados para actuar de inmediato como “médicos generales de zona”, que trabajarían en pueblos y ciudades pequeñas, atenderían adultos y niños, y en caso de aislamiento geográfico con imposibilidad de derivación serían capaces de operar (con cirugía abierta tradicional) una apendicitis aguda, una hernia inguinal estrangulada, una cesárea, sin otro equipo humano que una enfermera o una auxiliar entrenada. Hoy, las capacidades quirúrgicas se enseñan y practican en el post título correspondiente; muchos lugares alejados de las grandes ciudades cuentan con enfermeras, matronas, nutricionistas, tecnólogos médicos, kinesiólogos, etc., que pueden constituirse en equipos para la atención en salud; hay más facilidades de comunicación, transporte y derivación oportuna; y está en sus albores el acceso a recursos de diagnóstico e interconsultas mediante telemedicina. En el Siglo 21, los contenidos del currículo en la carrera de medicina no pueden limitarse a las materias científicas que caracterizan su profesionalidad: actualmente las competencias profesionales requieren conocimientos de psicología, habilidades comunicacionales, un enfoque social y humanista, capacidad para trabajar en grupos multi profesionales y ejercer liderazgo en ellos, fundamentos de administración de recursos humanos y materiales y, sobre todo, una ética profesional sólida. Estos elementos, que conducen a un perfil de egreso complejo, deben incorporarse paulatinamente a lo largo de la malla curricular, disponiendo de los recursos necesarios para que el alumno adquiera las competencias correspondientes, siendo fundamental el modelo de rol (role model) que le ofrecen sus docentes, particularmente en el “currículo oculto” representado por su actuar personal frente a los alumnos. Desde el año 2008, docentes y alumnos de la escuela de medicina de la PUC han analizado su programa de estudios y diseñaron estrategias para conseguir una integración horizontal y vertical de asignaturas, enfocadas en metas de aprendizaje en “dominios terminales”1. El acortamiento de la carrera de siete a seis años no sería un objetivo establecido a priori sino que habría surgido del proceso de revisión y modificación de su malla curricular. Sin duda este plan curricular será atractivo para las nuevas generaciones de egresados de la enseñanza secundaria que deseen estudiar medicina y cumplan las condiciones requeridas para postular a la escuela de medicina de la PUC. ¿Es conveniente que todas las escuelas de medicina chilenas acorten la duración de sus estudios de pre título? La respuesta está ligada a si disponen de condiciones similares en cuanto al ingreso de alumnos “top”, si su número de alumnos es el adecuado para su disponibilidad de campos clínicos, la preparación docente de sus académicos, etc. Otra consideración importante es si los intereses profesionales de sus alumnos y sus expectativas laborales requieren una formación inmediata como especialistas. Las responsabilidades y compromi- Rev Med Chile 2016; 144: 7-10


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