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Revista Medica de Chile Enero 2016

HISTORIA DE LA MEDICINA Higiene y salud urbana a comienzos del siglo XX en Chile - M. Ibarra et al Instituto de Salud Pública-, instalado en los edificios 118 que ocupó el Instituto de Higiene y que, en 1947, fue trasladado a una moderna construcción en Ñuñoa. La trayectoria del rol del Estado en materia de higiene se vio reflejada también en las carteras de gobierno. El Consejo Superior de Higiene y el Instituto de Higiene surgieron como dependientes del Ministerio del Interior. La importancia que este asunto adquirió se reflejó en la creación de la Sección de Higiene que, en 1907, se introdujo en la cartera de dicho ministerio. Posteriormente, en 1924, la conformación del Ministerio de Higiene, Asistencia, Previsión Social y Trabajo5 -origen de la cartera de Salud- obedeció a la necesidad de mejorar las condiciones sanitarias y reducir la excesiva mortalidad. Tal fue reorganizado como Ministerio de Bienestar Social en 1927. Además de los avances institucionales, publicaciones, congresos y cátedras universitarias, contribuyeron a instalar esta problemática en la agenda de profesionales. Así, la preocupación por la higiene urbana no sólo fue exclusiva del círculo médico. De interés resulta la incorporación de la dimensión de la salud en la construcción de edificios presentada por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo en los tres volúmenes de su obra más reconocida: La higiene aplicada a las construcciones (1909) (Figura 3). En su manual -recomendado para arquitectos, ingenieros y constructores-, Larraín examinaba reglas y procedimientos a los que se debían someter los edificios con el fin de incorporar el máximo de cualidades sanitarias, “tan desconocidas aún en Chile”6. En la emblemática población Huemul I (1911), Larraín organizó 166 viviendas obreras de fachada continua alrededor de patios, lo que permitía la entrada de luz al interior de los recintos e incorporó las reglas de la higiene pública y privada. El moderno conjunto contó con servicio de alcantarillado y agua potable, además de equipamiento adicional7. El cruce de nociones de higiene entre profesionales penetró las cátedras impartidas para su propia formación. Mientras médicos proponían la construcción de edificios higiénicos y la reparación de los existentes, se sumaron profesionales como el propio Larraín Bravo, quien ofreció cátedras de Arquitectura en la Universidad de Chile, y de Higiene Aplicada a las construcciones en la Universidad Católica de Santiago. En ellas, Larraín Bravo entendió la higiene tanto en el ámbito personal y doméstico como público, para lo cual entregaba nociones de anatomía y se refería a los grandes factores de salubridad8. Otros cursos que recogieron los ideales de la higiene contribuyeron a la formación de profesionales en esta materia. Cabe citar el Curso de construcción de Urbano Mena Concha, el cual incorporaba las condiciones de desagüe y accesorios para asegurar el saneamiento de edificios según su destino9, mientras las cátedras de medicina también exhibían preocupaciones por la higiene pública. El médico Jorge Calvo Mackenna en su Curso sobre saneamiento de las poblaciones, planteaba como fundamental el conocimiento de las condiciones del medio y buscaba adoctrinar sobre la higiene haciendo especial énfasis en el recurso del agua10. Figura 3. Portada “Higiene aplicada a las Construcciones” de Ricardo Larraín Bravo. Colección propia. Rev Med Chile 2016; 144: 116-123


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