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Revista Medica de Chile Enero 2016

EDITORIAL 8 Reforma curricular que acorta estudios de medicina.- H. Reyes Rev Med Chile 2016; 144: 7-10 médicos en plazos breves, en países occidentales, han fracasado y demandaron serios esfuerzos para “nivelar” las competencias que deben dominar quienes ejercen la profesión de médicos, acorde con el nivel científico que tienen sus estudios y la experiencia clínica que deben adquirir durante su período de formación, guiados por docentes adecuados y atendiendo a pacientes reales. En países europeos la carrera de medicina dura seis o siete años (a continuación de la enseñanza secundaria) y una de las razones para ello estriba en si el período final de práctica clínica supervisada –denominado comúnmente “internado”– se considera un requisito para otorgar el título que permite ejercer como médico, o se traspasa a un período inmediato de formación de post título en alguna especialidad médica. En los Estados Unidos de Norteamérica, la enseñanza secundaria (High School) es seguida por un período de College, que habitualmente dura tres años, después de lo cual se inicia el período de escuela de medicina propiamente tal, con una duración generalmente de cuatro años, de modo que la edad de graduación de sus médicos no difiere en más de un año con lo que ocurre en Europa y en América Latina, incluyendo a Chile. La situación en los EE. UU. de NA se consolidó después del informe evacuado por Abraham Flexner, en 1924, quien recomendó formar médicos mediante una secuencia de asignaturas de ciencias básicas, pre clínicas y clínicas, que fue adoptada en la mayoría de los países. Los programas de formación de médicos han estado en continua evolución, con distintas velocidades según la época y las instituciones. Han influido notoriamente las necesidades de cada país en salud pública, sus sistemas de atención médica, la disponibilidad de pacientes para la enseñanza (particularmente los “campos clínicos”) y los cambios determinados por el progreso científico y tecnológico incorporados a la medicina. En nuestro país, ninguna escuela de medicina ha mantenido programas estáticos y la mayoría debió asumir cambios bruscos en la década de 1960 (período de “reforma universitaria”). A través del tiempo todas han adoptado cambios de cierta envergadura. En años recientes, varias iniciativas regionales o nacionales han puesto en el tapete de discusión la pertinencia de acortar los estudios de pre título en distintas carreras universitarias, trasladando algunas temáticas a una formación de post título, circunscrita a una especialidad profesional. En medicina, los ejemplos más frecuentes nacieron en los Estados Unidos de Norteamérica, donde 35% de sus escuelas de medicina acortaron de 4 a 3 años el período de formación pre clínica y clínica. En el año 2012, Emanuel y Fuchs abogaron en favor de esta medida, destinada a: 1) Reducir el costo de la carrera, que significaba para cada estudiante contraer una deuda estimada en US$ 160.000, que debían cancelar durante sus estudios o después de graduarse; y 2) Aumentar el número de médicos dedicados a la atención primaria2. Un año después, Abramson et al revisaron la situación en universidades norteamericanas y canadienses, concluyendo que si bien este acortamiento era apto para estudiantes selectos, debería considerarse como sólo uno de los posibles cambios adoptables en la “era post-Flexneriana”, porque el proceso de formación de un médico requiere un período extenso de aprendizaje y experiencias prácticas3. Más crítica aún fue la posición de Goldfarb y Morrison, quienes plantearon que los estudios de medicina no deberían acortarse para el estudiante “típico” o común que procura obtener el título de médico4. Estos autores recalcaron que la proporción de escuelas de medicina norteamericanas que comprimieron su plan curricular cayó de 23% en 1990 a 7% en 2011. Hicieron hincapié en que la formación de los médicos exige no sólo el aprendizaje de conocimientos científicos sino, más aún, la adquisición de competencias (expertise) mediante una práctica que demanda tiempo, volumen de pacientes atendidos por cada alumno y un control adecuado por docentes calificados. Mientras reconocían que una proporción –estimada como pequeña– de los estudiantes tendrían las condiciones intelectuales, formación previa y dedicación necesarias para formarse adecuadamente y egresar sin que se notaran falencias en comparación con egresados de escuelas que mantenían el plan de 4 años, el problema se presentaba para la gran masa de estudiantes que resentían la intensidad de los estudios y de las prácticas clínicas, terminando su carrera exhausted. Alrededor de 25% de los alumnos encuestados y muchos docentes se manifestaron insatisfechos con el currículo abreviado. Por otra parte, la duración del programa (sea de 3 o 4 años) no parecía modificar el interés de los estudiantes por la atención primaria en salud, en lo cual influyen otros factores, tales como la percepción de poder obtener mejores rentas (sobre


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