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Mayo_2017

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN 583 Estudios de imágenes en cáncer de próstata - N. Martínez et al buscando metástasis, y separarlos del grupo de pacientes que tienen muy bajo riesgo de presentar enfermedad avanzada. De esta manera, en este artículo queremos dar énfasis en analizar la utilidad clínica de realizar estudios imagenológicos, ya que un punto importante es evitar los riesgos y disminuir los costos asociados de dichos estudios. Dentro de nuestro universo de pacientes los casos perdidos fueron debido a la imposibilidad de recolectar todos los datos necesarios para el análisis, ya que en general, estos casos fueron diagnosticados en los primeros años de nuestro período de estudio. Además, un grupo no despreciable de pacientes con diagnóstico inicial en nuestro centro, migró posteriormente a otros establecimientos para su estudio, tratamiento y seguimientos, lo que obligó a excluirlos de nuestra población de estudio. En lo que respecta al proceso diagnóstico del cáncer de próstata en nuestro centro, es necesario comentar que las biopsias transrectales son realizadas por distintos miembros del Servicio de Urología de Clínica Las Condes. Asimismo ocurre en el servicio de Anatomía Patológica, donde la interpretación histopatológica es realizada por tres patólogos diferentes. Al analizar la distribución de los pacientes según el riesgo de D’Amico, podemos observar una predominancia de pacientes en el grupo de bajo riesgo (51,8%). Esto podría ser explicado, en parte, por el tamizaje con APE, que ha ganado popularidad en nuestro país, sobre todo en el sector privado. Este marcador logra pesquisar los casos en estadíos más precoces, por ende, de menor riesgo y susceptibles a tratamiento curativo21. Las edades en los tres grupos son similares, lo que nos permite compararlos con mayor validez. En cuanto a los estudio de imágenes realizados, destaca una alta tasa de realización en los grupos de riesgo intermedio y alto, con alrededor de 80% de los casos estudiados. Por otra parte, a pesar de las recomendaciones internacionales mencionadas previamente, prácticamente a la mitad de los pacientes de bajo riesgo se les realizó, al menos, un estudio de imagen. Esto refleja que la conducta entre los profesionales de nuestro grupo no es uniforme. Los resultados de los estudios de diseminación realizados concuerdan con la literatura. Se evidenció diseminación en 6,6% y 61,8%, en los grupos intermedio y alto riesgo respectivamente. Al someter estas variables al test de χ2, muestra que el porcentaje de diseminación tiene una relación estadísticamente significativa con el riesgo según D’Amico (p < 0,05). Dicha observación apoya la recomendación de no realizar estudios de diseminación en pacientes de riesgo bajo. Se están realizando exámenes de alto costo económico, y con exposición a radiación ionizante a pacientes que obtienen un beneficio marginal de estos estudios. De acuerdo a la evidencia presentada, los pacientes de bajo riesgo no tienen lesión secundaria al momento del diagnóstico8-10. Esto significa que un alto volumen de pacientes se somete a exámenes radiológicos, sin una clara justificación y sin un beneficio objetivo claro. Nuestro reporte concuerda con Lavery y cols., quien en 2011 intentó cuantificar los exámenes de imágenes (Cintigrama, TAC o RNM) tomados en pacientes que no tenían indicación según las guías internacionales. En aquella investigación definieron como grupo de bajo riesgo a los pacientes con APE ≤ 10 y Gleason ≤ 6, y observaron que en este grupo, 48% fue sometido, al menos, a un examen de imagen y 30% fue sometido a dos exámenes innecesarios18. Sólo para mencionar, al observar los resultados de cada grupo de riesgo se obtiene que en el de alto riesgo, PET-CT y TAC detectan mejor la diseminación que el resto de los estudios. Pero cabe indicar que sería necesario aumentar la cantidad total disponible de estos estudios en próximos trabajos para conclusiones más detalladas. Es necesario comentar que tenemos sólo un caso en que el Cintigrama óseo resultó negativo para diseminación y el PET-CT positivo en un paciente previamente clasificado como de alto riesgo. Para concluir, la mitad de los pacientes diagnosticados de cáncer de próstata en nuestro centro son de bajo riesgo según D’Amico. Y a pesar de las recomendaciones internacionales, se realiza algún estudio de etapificación a casi la mitad de los pacientes de este grupo. La probabilidad de detectar lesiones secundarias se correlaciona de forma significativa con el grupo de riesgo, y destaca en el grupo de bajo riesgo que la probabilidad de detectar enfermedad a distancia es bajísima. Por lo tanto, cuando nos enfocamos en la utilidad clínica que se puede obtener de un estudio imagenológico en un contexto de bajo riesgo, dichos estudios no aportan mayores beneficios. Rev Med Chile 2017; 145: 579-584


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