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Mayo_2017

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN Estudios de imágenes en cáncer de próstata - N. Martínez et al dad poco avanzada y sean considerados para un tratamiento con intención curativa, como son la prostatectomía radical y la radioterapia4. Por lo tanto, la detección de lesiones secundarias 580 en pacientes con CP es crucial para decidir la conducta terapéutica, ya que en caso de existir diseminación, generalmente se desestiman las terapias con intención curativa5-7. Existen algunos factores, tanto clínicos como de laboratorio, que han sido estudiados como predictores de diseminación en CP. Uno de ellos es el antígeno prostático específico (APE), marcador proteico cuyo incremento se correlaciona tanto con el crecimiento de masa tumoral como con la presencia de lesiones secundarias. Ejemplo de esto es una muestra de 683 pacientes, en que Gleave y cols., mostraron, retrospectivamente, que individuos con APE menor a 10 ng/ml no tenían lesiones secundarias en el cintigrama óseo. En cambio, 40% de los pacientes con APE mayor a 50 ng/ml tenía un examen positivo para diseminación8. Así mismo, en los casos de un APE mayor a 100 ng/ ml, el valor predictivo positivo del cintigrama fue de 100% para lesiones óseas. Otro factor es el puntaje de Gleason, sistema que mide el grado de diferenciación celular en la muestra histológica de la próstata. En una investigación en 932 pacientes, en los que se realizó una prostatectomía más disección ganglionar, no se encontró compromiso metastásico en ninguna de las muestras con Gleason ≤ 59. Así mismo, otros estudios en pacientes con puntaje de Gleason ≥ 8, evidencian un mayor número de casos con diseminación secundaria10, lo que revela su rol predictor de riesgo de metástasis. El estadío clínico, definido por consenso según la clasificación TNM11, también es utilizado como factor predictor de riesgo de lesiones secundarias. Si se evalúa este criterio como variable aislada, se observa una tendencia, con 80% de precisión, a encontrar más casos de diseminación en estadíos avanzados de la enfermedad (T3-T4), y prácticamente ningún caso en estadíos T1a-c10. Se han desarrollado modelos de predicción multifactorial de enfermedad metastásica. Un ejemplo de estas son las Tablas de Partin12, que muestran que un paciente con Gleason 4+3, un APE entre 4,1 y 6 ng/ ml y con estadío clínico T1c, tiene 3% de riesgo de metástasis ganglionar. En cambio, este mismo paciente, con un estadío clínico T2b/c tiene un riesgo de 11%. La evidencia expuesta en la literatura y las recomendaciones de las agrupaciones internacionales, apoyan un análisis que involucre una combinación de factores. Se prefiere combinar la concentración sérica de APE, puntuación de Gleason en la biopsia de próstata y estadío T clínico como factores predictores del riesgo de lesiones secundarias y estadío final de la enfermedad. Este modelo de análisis resulta superior al compararlo con los parámetros mencionados utilizados en forma independiente, lográndose mayor precisión al estimar el riesgo de diseminación del paciente al momento del diagnóstico5-7,10,13-16. A pesar de que la evidencia apoya los factores mencionados como predictores de lesiones secundarias, no existe una conducta estandarizada que establezca cuáles son los pacientes que realmente necesitan un estudio de diseminación por imágenes al momento del diagnóstico10,14. Ejemplo de esto son las múltiples recomendaciones emitidas por las agrupaciones internacionales (Tabla 1). A la luz de lo expuesto, podemos afirmar que existe un grupo de pacientes con muy bajo riesgo de metástasis, en el que los estudios de diseminación preoperatoria por imágenes no serían necesarios en forma rutinaria10,14,17-20. En nuestro centro, solicitamos estudio con TAC de abdomen y pelvis, así como cintigrama óseo a la mayor parte de los pacientes candidatos a tratamiento curativo. Pensamos que esta conducta no es concordante con las guías actuales, ya que lleva a un gasto excesivo al paciente, así como al riesgo asociado a dichos estudios (exposición al medio de contraste y radiación). El objetivo de nuestro trabajo es determinar la utilidad clínica de los estudios de etapificación imagenológica en pacientes con cáncer de próstata. Nos parece interesante entregar un enfoque orientado en la conducta del estudio de diseminación neoplásica, considerando los beneficios o riesgos para el paciente. Además no existen publicaciones locales o nacionales con datos acerca de la cantidad y el rendimiento de los estudios de etapificación realizados en pacientes con cáncer de próstata. Por lo mismo, queremos poner de manifiesto la realidad en nuestro centro, con la intención de que se refleje, en lo posible, la realidad nacional. De este modo, se podría orientar a los urólogos nacionales, en la toma de decisiones respecto al estudio de etapificación de pacientes con diagnóstico reciente de cáncer de próstata. Rev Med Chile 2017; 145: 579-584


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