Page 100

Marzo_2017

artículo de revisión Déficit atencional con hiperactividad, heredabilidad y comorbilidad genética - G. Puddu et al diferencias estadísticamente significativas (c2 de Pearson, p > 0,05). En cuanto al alelo DAT1/10, se observó en 33 de los 51 casos con TDAH y en 24 de los 45 sujetos controles, sin encontrar tampoco diferencias estadísticamente significativas (c2  de Pearson, p > 0,05). Sin embargo, la presencia conjunta de DRD4/7 y DAT1/10 se observó en 13 de los 50 casos con TDAH y sólo en 2 de los 45 controles, resultando esta diferencia significativa (c2 de Pearson, p = 0,005) y dando origen a una razón probabilística Odds Ratio (OR) de 7,38 (95% IC = 1,83-29,62) sugiriendo un fuerte efecto de interacción 370 que debería constituir un factor de riesgo 7 veces mayor que el normal para TDAH. Hemos mencionado sólo la comparación de los alelos DRD4/ 7R Y DAT1/10, excluyendo del análisis otros alelos del gen DRD4, tales como los alelos 2, 4, 5 y 6 y los alelos 8 y 9 del gen DAT1, basándonos en los resultados de los trabajos anteriores de nuestro grupo. Cabe mencionar que también se ha relacionado la combinación alélica DRD4/7 y DAT1/10 con un fenotipo impulsivo relacionado con alteraciones en la capacidad ejecutiva inhibitoria en adultos sanos, estando estas características conductuales claramente asociadas al TDAH13. Resulta interesante contextualizar nuestros hallazgos relacionados con la genética del TDAH dentro de un marco más amplio de trastornos psiquiátricos. Por ejemplo, la comorbilidad genética entre TDAH y cuatro desordenes psiquiátricos mayores: Esquizofrenia (E), trastorno bipolar (TB), trastorno depresivo mayor (TDM) y trastornos del espectro autista (TEA) fue recientemente determinada en un megaestudio, involucrando miles de casos y controles, comparando la presencia de polimorfismos nucleotídicos únicos (SNPs) entre pacientes con diferentes trastornos14. Se encontró una comorbilidad genética alta entre E y TB (46%). Para tres de los trastornos psiquiátricos (TDAH, E y TB), se pudo detectar una moderada comorbilidad genética con TDM (10%, 18% y 22% respectivamente). Llama la atención el hecho que no se encontró riesgo genético significativo compartido de TEA con TDAH, como frecuentemente se ha sugerido, pero si uno muy leve de TEA con E (2,5%). La comorbilidad genética, especialmente entre E y TB, que asciende a casi 50%, plantea que ambos trastornos comparten un importante número de genes, factor que debe tenerse en cuenta al investigar la etiología de estos desórdenes mentales. La determinación genética de cada uno de los trastornos evaluados fue moderada, alcanzando los siguientes valores: TDAH = 28%, E = 23%, TB = 25%, TDM = 21% y TEA = 17%. Estos porcentajes son significativamente inferiores a aquellos basados en métodos cuantitativos, tales como semejanza entre mellizos y miembros familiares, que anteriormente constituían la única información disponible y que alcanzan respectivamente a 75%, 81%, 75%, 37% y 80%15. Una comparación de estos valores refleja las limitaciones metodológicas de la genética cuantitativa y permite predecir un importante avance futuro en el conocimiento y tratamiento de trastornos psiquiátricos utilizando herramientas metodológicas recientes de la genética molecular. En esta breve revisión nos hemos referido a la determinación genética de algunos desórdenes mentales, en especial del TDAH. Cabe preguntarse qué factores evolutivos determinaron en último término la presencia de los genes responsables de estos trastornos en las poblaciones humanas. Fuera de los factores estocásticos (aleatorios) que determinan cambios de las frecuencias génicas, especialmente cuando se producen cuellos de botella demográficos, sin duda, cabe destacar la selección natural darwiniana. Desde una perspectiva evolucionista, algunos desórdenes mentales pueden, quizás, ser mejor explicados como una respuesta adaptativa a los entornos ecológicos tempranos a que estuvo expuesto el Homo sapiens, más que a disfunciones16. Si contextualizamos al ser humano dentro de un ambiente ancestral previo a la revolución agrícola, cuando la vida se desarrollaba en comunidades de cazadores recolectores y, tanto el peligro de ser depredados por otra especie, como la exploración del ambiente en búsqueda de alimento, era parte de la cotidianeidad, rasgos como la hiperactividad, la inatención y la impulsividad evidentemente tenían un alto valor adaptativo. Por ejemplo, la hiperactividad, entendida como un aumento en la actividad motora, podía resultar muy útil en la búsqueda eficaz de alimento a través del aumento de la conducta exploratoria. Antes de la revolución agrícola y la domesticación de animales, la escasez de alimento era habitual, por lo que aquellos individuos que presentaban mayores niveles de activación motora, probablemente, eran más exitosos en la búsqueda de alimento, en conjunto con un mayor Rev Med Chile 2017; 145: 368-372


Marzo_2017
To see the actual publication please follow the link above