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Marzo 2016

historia de la medicina Historia de los terrenos de la casa de orates de Santiago - C. G. Osorio Manuel Montt Torres decía al Congreso Nacional: “La casa de locos necesita de una proteccion eficaz. Planteada sin elementos bastantes i en un local poco adecuado, es en estremo insuficiente para las necesidades. Cuento con vuestra cooperación para sacarla de la situacion en que se halla y convertirla en un verdadero hospital que reuna las condiciones que exije la curacion de tan lamentables enfermedades”6. Es así como en la sesión de la Junta Directiva del establecimiento se decidió comprar una quinta en el barrio de la Chimba de la ciudad, para construir un nuevo manicomio. Para finalizar esta sección se indicará, por su particular interés histórico, que la quinta del barrio Yungay, perteneciente a la Casa de Orates, fue luego adquirida en 1886 por don Eusebio Lillo Robles, célebre autor de la letra del himno nacional de Chile7. Casa de Orates de calle de los Olivos En el documento denominado “Actas de la Junta Directiva de la Casa de Orates 1854-1891” se puede leer expresamente lo siguiente: “...se acordó comprar en $8.000 un sitio de 4 cuadras 390 de área que poseía el Arzobispado en el barrio de la Recoleta…” (fecha 3 de noviembre de 1854)6. Esta escritura de compraventa ha sido localizada en los registros del notario de Santiago don Juan de Dios Gutiérrez y tiene fecha 2 de noviembre de 18549. De este documento es interesante destacar los siguientes puntos: Primero, la fecha de la escritura es de un día antes de la sesión en que la Junta Directiva decidió aprobar la adquisición de dicha quinta. Segundo, el vendedor de la propiedad fue el señor don José Ramón Valdivieso Zañartu, hijo de don Manuel Joaquín de Valdivieso Maciel y doña María Mercedes Zañartu y Manso de Velasco y hermano del arzobispo de Santiago, Rafael Valentín Valdivieso Zañartu. El señor Manuel Joaquín Valdivieso fue el primer administrador del cementerio general y se cuenta que cuando daba un paseo cerca de su quinta de la Cañadilla (localizada aproximadamente entre las actuales calles de Olivos y Santos Dumont con su frente hacia la avenida Independencia), se le ocurrió, al ver un terreno perteneciente a la viña de los padres dominicos (parte norte de la chacra denominada la Viñita o terrenos adyacentes a dicha viña por el norte), que parte de éste podía ser adquirido por el fisco para establecer en él nuestro primer panteón o cementerio nacional10,11. Es posible que el dueño de la quinta, luego de la muerte de don Manuel Joaquín Valdivieso, haya sido su hijo el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso y que por ello se mencionara en la escritura de venta como dueño del terreno al Arzobispado. Tercero, debe destacarse que el vendedor, don José Ramón Valdivieso, se reservó la porción poniente de las tierras de su quinta que lindaba con la Cañadilla; por ello se dice en la escritura que las cuadras vendidas son tres y media y no las cuatro que se mencionan en las Actas de la Junta Directiva. Finalmente, se debe señalar que la inauguración del nuevo edificio ocurrió recién en 1858 y que su construcción estuvo a cargo del destacado arquitecto chileno don Fermín Vivaceta Rupio (Figura 4). Una propiedad anexa a esta quinta de la familia Valdivieso, por el norte, era la chacra denominada la Viña o Viñita de Santo Domingo que había sido de los padres dominicos y que ya fue mencionada como predio de origen del cementerio general (Figura 5). La parte sur de dicha viña permaneció en manos de la orden dominica y luego fue rematada en 1828 por don Ramón Allende Garcés, hermano del bisabuelo del presidente Salvador Allende Figura 3. Esquema de la división en 14 hijuelas de la chacra de la familia Portales, en 1836. Se destacan en gris las hijuelas 3 y 5. La hijuela tres o de los Molinos se adjudicó a doña Paula Portales Palazuelos y la hijuela 5 a doña Manuela Portales Palazuelos. Se muestra en color blanco y siglas CO la localización aproximada que tendría posteriormente la Casa de Orates del barrio Yungay. Además, en línea negra discontinua, la actual calle Matucana17. Rev Med Chile 2016; 144: 388-393


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