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Marzo 2016

editorial Servicio y Cátedra del Profesor Hernán Alessandri se sumaban en la toma de decisiones. Era habitual encontrarlo a la salida de las reuniones científicas de la Sociedad estimulando a los autores que habían presentado algún trabajo interesante (a juzgar por los aplausos del público y los comentarios 282 positivos de los grandes profesores) para que lo convirtieran en uno de los artículos que recibía la Revista. Si lo conseguía (generalmente al cabo de meses de paciente espera), podía incluirlo en alguno de sus números mensuales, que se publicaban con ochenta a noventa páginas cada uno y aparecían impresos tres a cuatro meses después de la fecha presunta de publicación. Pocas personas (los Drs. Roeschmann, Medina, Goic y ahora, transitoriamente, Reyes) revisaban y seleccionaban los manuscritos, y los corregían hasta considerarlos aptos para ser publicados. Si bien podían solicitar a los autores que rehicieran sus manuscritos, corrían el riesgo de no recuperarlos, por lo cual muchas veces los “mejoraban” ellos mismos (empezando por la sintaxis y la ortografía) y el propio Dr. Roeschmann redibujaba los gráficos en una mesa de diseñador gráfico, utilizando un pantógrafo, papel “mantequilla” y “tinta china negra”. Sólo muy ocasionalmente se solicitaba la opinión de un especialista externo, utilizando el teléfono y los servicios de un mensajero que repartía y recogía los documentos hacia los cuatro puntos cardinales de Santiago, viajando en “micro” o “trole”, como se llamaban entonces los vehículos de transporte público. Conseguir opiniones desde Valparaíso o Concepción exigía recurrir a la empresa de correos, además de onerosas llamadas telefónicas “de larga distancia”, con intervención de “operadoras”, tiempos de espera y buena suerte para coincidir a esa hora con la presencia del interlocutor buscado. Años después, en junio de 1971, habiendo retornado de mi beca para investigación en fisiopatología hepática, en Nueva York, fui invitado a incorporarme como editor adjunto de la Revista, porque el Dr. Medina había renunciado para asumir la Dirección de la Escuela de Salud Pública. Los contratos a honorarios identificaban nuestras funciones como “compaginadores de la Revista Médica de Chile”. Durante los cuarenta y un años siguientes, una parte muy querida de mi carrera profesional transcurrió en esta institución, en sus sedes sucesivas en calle Esmeralda, avenida Presidente El encanto de editar una revista médica - H. Reyes Riesco y calle Bernarda Morín. Alejandro Goic y yo éramos responsables de la edición de la Revista, mientras hasta 1973 los Dres. Ricardo Cruz Coke y Oke France colaboraban en otros aspectos. Sin embargo, el flujo creciente de manuscritos, llegando ahora a más de 350 al año, y la complejidad progresiva del proceso editorial (en el año 2014 intervinieron 543 personas en la revisión por pares externos) hizo obviamente indispensable contar con más editores. La Revista Médica de Chile sigue normas y recomendaciones establecidas por prestigiadas entidades tales como el International Committee of Medical Journal Editors (ICMJE), la World Association of Medical Journal Editors (WAME) y el Committee on Publication Ethics (COPE), determinando que la Revista pertenezca a la “corriente principal” de las publicaciones científicas. En los años recientes se implementó progresivamente una plataforma web bilingüe en la que se concentra el proceso editorial, desde la recepción de los manuscritos “subidos” por sus autores hasta su traspaso a la empresa que imprime la revista y prepara su versión on line. Entre 1991 y 2001 participó como Editor Asociado el Dr. Ronald Kauffmann quien, además, fue autor principal o coautor en estudios sobre la preparación de manuscritos y su selección en la Revista, hasta que nuevos atractivos laborales lo indujeron a retirarse. En 1997 se incorporó el Dr. Max Andresen, en 2002 el Dr. Joaquín Palma (en la vacante dejada por el doctor Kauffmann) y en 2014 el Dr. Ricardo Castro. La inclusión de la Revista en bases de datos internacionales, como MEDLINE/PubMed, hizo necesario perfeccionar los resúmenes en inglés para facilitar la visibilidad internacional de los manuscritos. En el transcurso de los años, sólo una minoría de los autores ha mostrado competencia para ofrecer resúmenes adecuados en su formato y contenido, y en un inglés correcto. Para mejorar este aspecto, se solicitó la colaboración de docentes con formación bilingüe, contando con la participación sucesiva de las Dras. Ana María Kaempffer y María Eugenia Radrigán, los Dres. Gonzalo Álvarez, Gastón Chamorro Spikin y Daniel Bunout, este último con rango de Editor de Resúmenes en Inglés, considerando que su labor excede la traducción de los resúmenes que aportan los autores. En julio de 1996 el Dr. Alejandro Goic puso término a su labor como Editor Jefe, después de Rev Med Chile 2016; 144: 281-284


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