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Marzo 2016

ÉTICA MÉDICA características esenciales de la OC, -que comparte con la desobediencia civil- el que no se oculte la infracción a las autoridades, y que no utilice la fuerza ni vulnere los derechos de terceros en su expresión. En la esencia de ambas se encuentra la no-violencia6. En el caso de la profesión médica, esta circunstancia 384 debe tomar en cuenta, además, el compromiso tácito que los médicos tienen con la sociedad, de anteponer el bienestar de su paciente a cualquiera consideración de carácter personal. A la profesión médica la distingue un compromiso público con el bienestar de sus pacientes; este compromiso es el que sustenta la confianza que debe existir en la base de la relación médico-paciente, y que de encontrarse ausente, la desvirtuaría en su esencia7. El Manual de Ética Médica de la Asociación Médica Mundial, que nuestro Código de Ética reproduce, afirma que: “El profesionalismo médico no incluye solamente la relación entre un médico y su paciente, ...también implica una relación con la sociedad”, de tal modo que en los cimientos de la profesión médica se encuentra el compromiso ético de servir los intereses de los pacientes por sobre aquellos de carácter estrictamente personal8. Existe, entonces, una aparente contradicción entre la comprensión del ejercicio de la medicina como una profesión y la voluntad de hacer prevalecer convicciones morales personales, por sobre eventuales derechos del paciente a acceder a prestaciones legítimas9. Esto es también motivo de debate, puesto que algunos médicos consideran que la OC no se aplica para beneficio personal -como sería el evitar dañar la propia conciencia sino que estiman que no realizar el aborto va en el mejor beneficio del paciente, al considerar al embrión o feto también como paciente10. En el campo de la salud sexual y reproductiva, el tema de la OC requiere de un enfoque novedoso por los derechos que están amenazados, puesto que se pueden afectar intereses relevantes de terceros, poniendo en riesgo la vida, la salud y la integridad física o la autonomía de las personas. Sin embargo, son precisamente en estas situaciones donde se amenaza la vida e integridad de los embriones y fetos, cuyos derechos no estarían siendo protegidos en el caso del aborto. Es la valoración de esos “terceros” y de sus derechos el motivo de choque valórico aparentemente irreductible. Como veremos más adelante, de las tres formas de resolver este conflicto -una posición absoluta Objeción de conciencia - S. P. Salas et al por la cual el objetor no está obligado a derivar o informar, otra fundada en el profesionalismo irrestricto, según la cual los estándares de lo exigido por la sociedad son irrenunciables, por lo que no hay lugar para la OC; y otra intermedia, que busca conciliar los derechos de ambos- nosotros proponemos esta última. Fundamentos de la objeción de conciencia En una sociedad democrática y plural en lo valórico, debemos ser capaces de articular el espacio político y público con el espacio personal. Como mencionamos antes, la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra el derecho que tiene toda persona “a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”, estableciendo implícitamente que existe el derecho a negarse a actuar en contra de sus propios valores y creencias y reconoce que la persona tiene el derecho a construir su propia escala de valores y de actuar en consecuencia4,11. Asimismo, la Constitución Política de Chile asegura a todas las personas “la libertad de conciencia, la manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público”; de este derecho suele deducirse el derecho a la OC12. Límites de la objeción de conciencia La Declaración de Oslo de la Asociación Médica Mundial sobre el aborto terapéutico, señala que “(si) las convicciones del médico no le permiten aconsejar o practicar un aborto, éste puede retirarse, siempre que garantice que un colega calificado continuará prestando la atención médica” y agrega que es deber de la profesión médica asegurar tanto la protección de sus pacientes como el defender los derechos del médico en la sociedad13. A su vez, el Código de Ética del Colegio Médico de Chile acoge el valor de la conciencia al señalar que “el médico a quien se solicitaren prestaciones que vayan en contra de su conciencia o de su convencimiento clínico, podrá negarse a intervenir. En estas circunstancias, procurará que otro colega continúe asistiendo al paciente, salvo que ello produjere graves e inmediatos daños para la salud del enfermo”8. Asimismo, el Grupo Interdiscipli- Rev Med Chile 2016; 144: 382-387


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