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Marzo 2016

ARTÍCULO ESPECIAL 373 A pesar de todo el esfuerzo, esta epidemia de Ébola, como es sabido, fue la mayor de la historia con 28.627 casos demostrados y 11.315 fallecidos en los años 2014-2015. Finalmente se logró decretar, el 14 de enero de 2016, el término de esta epidemia, después de 42 días sin nuevos casos en Liberia. Previamente se había decretado libre de Ébola a Sierra Leona, en noviembre, y a Guinea el 29 de diciembre de 201515. Es digno de celebrar este logro alcanzado en un plazo breve de tiempo. Sin embargo, si se piensa en el costo en enfermos, sufrimiento, vidas humanas, detención de las economías, esfuerzos humanos y económicos de tantos países, se puede llegar a la conclusión de que el costo y el riesgo actual de una epidemia superan los riesgos de catástrofes naturales y de muchas guerras. Por esta razón resulta necesario recopilar la experiencia y lo que todos debemos aprender de ella. En plazos relativamente breves se definieron formas de control de contagios y de expansión de la epidemia, se capacitó a miles de trabajadores de la salud y a miembros de la comunidad en más de 100 países, se iniciaron proyectos de investigación de métodos diagnósticos, fármacos antivirales y vacunas con sus respectivos fundamentos científicos y éticos, y se logró recuperar confianzas y trabajar con la población de los países afectados. Así se llegó a contar con métodos rápidos de confirmación diagnóstica, fármacos antivirales e inmunológicos en estudio en fase II, y vacunas ya en ensayos clínicos fase III, con stock disponible ante nuevos riesgos epidémicos16. Cabe hacer notar que estos avances en investigación se lograron en 12 meses, siendo la duración habitual para estos estudios de un promedio de 10 años. La reciente epidemia de Ébola se constituyó en una crisis humanitaria que ocupó la atención de los medios de comunicación, gobiernos y organismos internacionales, que movilizaron enormes recursos humanos y económicos ante un riesgo global17. De esta manera resulta importante plantearse la pregunta de qué hemos aprendido de esta epidemia y sus graves consecuencias, para poder enfrentar nuevos riesgos de epidemias que amenazan a los países y sociedades contemporáneas. La respuesta mundial a este grave y reciente brote significó un interés no sólo de gobiernos y organizaciones internacionales sino de toda la comunidad científica. Un signo revelador al respecto es el aumento de publicaciones; por ejemplo, en PubMed el número de referencias sobre Ébola aumentó de 265 entre 2012 y 2013 a 2.982 referencias entre 2014 y 2015. Ha quedado claramente demostrado que la gravedad de casos disminuye fundamentalmente por medidas generales, hidratación oral y parenteral, y óptimo control de síntomas y complicaciones, lo cual requiere niveles de infraestructura hospitalaria que eran gravemente insuficientes en los países afectados. Por otra parte, la transmisión de la enfermedad también se relaciona con la infraestructura y recursos de atención de salud. A raíz de las investigaciones y ensayos clínicos realizados con urgencia, incluyendo el uso de fármacos o vacunas en seres humanos, hoy se cuenta con grandes avances. Se dispone de tratamientos potenciales en base a productos sanguíneos, terapias inmunológicas y antivirales en fases avanzadas de investigación, junto a dos vacunas ya en fase de demostrar su seguridad2,17. Las investigaciones mencionadas se concretaron gracias al consenso logrado en cuanto a la flexibilización de los requisitos éticos de la investigación frente a emergencias graves y extensas como la que se vivía. Así fue como se utilizaron fármacos experimentales con criterio compasivo, pero aplicando para este efecto estrictos protocolos de investigación6,18. No obstante lo anterior, se han reconocido diferentes problemas sociales y perspectivas éticas en el desarrollo de la epidemia, en las respuestas de los diferentes países, de las organizaciones internacionales, de la industria y de la comunidad académica11,19-22. Una de las respuestas más destacadas ha sido la toma de conciencia de que, a pesar de la historia de epidemias antiguas y recientes (VIH, H1N1, SARS y MERS), el mundo se encuentra aún mal preparado para enfrentar crisis de enfermedades infecto-contagiosas. Hubo reacción lenta y tardía, sistemas locales de salud completamente insuficientes y colapsados, incoordinaciones a todo nivel, falta de tests diagnósticos rápidos y de equipamiento de protección del personal sanitario, y escasa investigación de tratamientos y vacunas. En este contexto se creó la Commission on a Global Health Risk Framework for the Future, bajo el liderazgo de la Academia Nacional de Medicina de EE.UU.23. En reuniones de científicos, representantes de gobiernos, industria, organizaciones sociales, Naciones Unidas, OMS y otros, se destacó que las epidemias o pandemias constituyen Ética y Ébola - J. P. Beca et al Rev Med Chile 2016; 144: 371-376


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