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Junio 2017

ARTÍCULO DE REVISIÓN Terapia hormonal de la menopausia y calidad de vida - J. E. Blümel et al Por lo tanto, no es sorprendente que las mujeres con síntomas vasomotores tengan más trastornos psicológicos y que fármacos que modulan la neurotransmisión, como algunos antidepresivos, resulten útiles para tratar no sólo los bochornos, sino que también los trastornos del ánimo, disturbios del sueño y los síntomas somáticos del climaterio15. Por lo tanto, la presencia de síntomas vasomotores, por su asociación a otros síntomas climatéricos, son un fuerte indicador de mala calidad de vida16. Pero los bochornos no sólo afectan al bienestar general de la mujer, sino que su presencia se ha asociado también con un mayor riesgo cardiovascular17. La sexualidad es otro componente de la calidad de vida de la mujer y es reflejo de su bienestar físico, psicológico y social18. El climaterio, al asociarse a dispareunia por atrofia urogenital, a trastornos del ánimo y a irritabilidad, puede alterar significativamente la función sexual femenina. Un estudio que evaluó con el Índice de función sexual femenina (http://www.fsfiquestionnaire.com/) en 7.243 mujeres sanas de 40 a 59 años de edad en 19 centros de salud de Latinoamérica, mostró que 56,8% de ellas presentaban disfunción sexual y 25,6% no había tenido actividad sexual en los últimos doce meses. El principal factor de riesgo asociado con falla sexual fue la mala lubricación vaginal (OR: 3,86; IC 95% 3,37-4,43); mientras que, factores protectores fueron el mejor nivel educacional, buena relación de pareja y el mejor nivel socioeconómico19. Si consideramos que la “calidad de vida en salud” representa la evaluación del impacto que una condición de salud tiene en la vida diaria, la sintomatología menopáusica cuando alcanza un nivel de severidad moderada a severa, es esperable que la deteriore20. De acuerdo a la escala MRS, hay un compromiso severo de la calidad de vida (puntaje total de MRS > 16 puntos) en 12,9% de las mujeres premenopáusicas de 40 a 44 años; cifra que aumenta a 26,4% en la perimenopausia, a 31,6% en la postmenopausia temprana y a 29,9% en la posmenopáusica tardía (> 5 años)7. El hecho que la sintomatología climatérica preceda a la menopausia obliga a tener presente el diagnóstico de transición menopáusica en toda mujer mayor de 40 años que tenga alguno de los síntomas característicos, aunque tenga ciclos menstruales normales, y si es necesario se puede indicar cambios de estilos de vida, iniciar THM o ambos21. 762 Obesidad y calidad de vida Lo obesidad no sólo implica un mayor riesgo de enfermedades crónicas, sino que deteriora también la calidad de vida22. Durante el climaterio los trastornos de la neuroquímica no sólo están involucrados en la etiopatogenia de la sintomatología menopáusica, sino que también en los cambios de la composición corporal, especialmente en el aumento tejido adiposo que se observa en las mujeres de mediana edad, un factor central en la etiopatogenia de las enfermedades crónicas. Así, por ejemplo, hay una serie de evidencias que respaldan una etiología común para los trastornos del estado de ánimo y la obesidad, siendo los mecanismos de señalización celular los principales implicados, ya que estas señales modulan el equilibrio de la energía y la estabilidad del ánimo. La leptina, por ejemplo, tiene muchas acciones dentro del cerebro, incluyendo la reducción de la ingesta de alimentos y el aumento del gasto energético. Morris ha señalado que, en la obesidad, más que un déficit de leptina, hay una resistencia a su acción y, en consecuencia, una disminución de sus señales, lo cual llevaría a mayor ingesta alimentaria y disminución del gasto calórico. Este autor concluye que leptina se asocia a depresión y que esta relación parece ser mediada por un aumento de la adiposidad23. Sin embargo, la leptina no es el único actor que juega un rol importante en los trastornos del ánimo y en la obesidad, ya que hay también otras señales implicadas: neuropéptidos orexigénicos y anorexígenos, factores metabólicos, hormonas de estrés, citoquinas y factores neurotróficos24. Después de la menopausia se alteran muchas de estas vías metabólicas de señalización. Por ejemplo, el hipoestrogenismo altera la sensibilidad a la leptina a nivel del sistema nervioso central (SNC) y, como consecuencia, modifica la distribución de la grasa corporal25. Esto sería consistente con la resistencia a la leptina observado durante el climaterio, que se expresa por un aumento del apetito, obesidad y depresión. Es pertinente destacar que hay un sinnúmero de otros mecanismos que pudieran estar implicados en el aumento de peso corporal observado durante la transición a la menopausia. El hipoestrogenismo se asocia con un incremento de la adiposidad, lo cual podría ser consecuencia del aumento de los neuropéptidos orexigénicos (neuropéptido Y, grelina y hormona concentradora de melanina) y Rev Med Chile 2017; 145: 760-764


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