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Junio 2017

ÉTICA MÉDICA recordar que morimos un poco cada día, que nos permita asumir la finitud de nuestra existencia, aquel límite certero queda oculto. El énfasis sobre la importancia de una reflexión sobre la muerte tiene por objeto asumir que en tanto existimos, somos seres moribundos y, por tanto, desde esa mirada es preciso reevaluar el peso de nuestras decisiones. 792 Así, la meditación heideggeriana sobre la muerte, como reconocimiento de la finitud, se instaura como condición de posibilidad de que cada uno de nosotros asuma su propia singularidad; repensar desde esa particularidad intransferible la importancia de decidir sobre la orientación de la propia existencia. Si consideramos el análisis heideggeriano de la temporalidad que ha sido expuesto, podemos entender mejor porqué impactan a nivel vital los resultados de riesgo en la mayoría de las personas. La mayoría de quienes se hacen los diagnósticos preventivos, se sienten sanos, viven en una temporalidad centrada en el presente, inauténtica en términos heideggerianos, donde la idea de la finitud de la propia existencia no es un pensamiento realmente actual. La salud se les presenta bajo la forma de tener tiempo de planear sus vidas, sus vacaciones, sus ocupaciones, tal y como puedan y/o deseen administrarlos. Ahora bien, los resultados negativos o sospechosos de pruebas preventivas justamente provocan un quiebre en la obviedad de aquel “tener tiempo” y que se tenía hasta ese momento. Pues de un momento a otro, el “paciente sano” es confrontado con una posible obstrucción del curso actual y posiblemente del plan de vida que tenían. En mi opinión, la situación de crisis vital que les acontece es comparable con la meditación heideggeriana sobre la muerte; en ambos casos, la persona se encuentra frente a la pregunta capital sobre el sentido de su vida, sus decisiones y por supuesto, sobre sus planes e intereses vitales más fundamentales. El verse confrontados “de ante mano” con la posibilidad de un límite para con la vida actual es lo que acongoja a los “nuevos enfermos”. El mismo Rubinstein pareciera llegar a la misma conclusión: “La consecuencia psicológica que tiene el tiempo de anticipación diagnóstica, es, a mi juicio, la principal desventaja de la medicina preventiva”17. Así, un significado vital que se tiene de la salud, independientemente de las actuales teorías que existen al respecto, tiene que ver con la manera concreta en la que las personas viven y asumen el Desafíos éticos de la medicina preventiva - D. Aurenquea tiempo en su existencia. Esto implica que la salud, además de ser muchas cosas, también es tiempo, por lo que una crisis con respecto a la salud tiene que ver con una forma en la que ha cambiado nuestra percepción y relación vital con el tiempo. Conclusiones Exponer sobre el fenómeno del ‘paciente sano’ y sus problemas éticos, nos permite además interpretarlo como resultado de la tensión contradictoria entre el objetivo perenne de la medicina (mantener y promover la salud de las personas) y la creciente preocupación por la salud de la medicina preventiva. Como se argumentó, el principal conflicto que surge con saber anticipadamente sobre posibles riesgos o predisposiciones a enfermedades futuras, es la posible patologización temprana de la salud, justamente en cuanto ésta es vista como un estado condicionado. Dicho condicionamiento, así como el posible sufrimiento que traen resultados negativos de las prácticas preventivas, ponen a su vez de relieve la relación entre salud y tiempo. Considerando el análisis expuesto, es imprescindible concluir dos cosas: A) Por un lado, es tarea fundamental tener claridad de que la enfermedad, así como la conciencia anticipada sobre la muerte, son instancias paradigmáticas en las que se expone nuestra vulnerabilidad y finitud, ambos elementos inexorables de nuestra conditio humana. Por lo tanto, los recursos tecnológicos de la medicina preventiva, si bien pueden traer consigo nuevos conflictos éticos, finalmente éstos no hacen más que confrontar a las personas con una meditación que por diversos motivos se mantiene como un saber entre paréntesis en nuestras vidas. Así, la medicina preventiva no sólo puede generar conflictos en el “paciente sano”, sino también -considerando justamente la reflexión heideggeriana del tiempo- servir como oportunidad para el crecimiento existencial en cuanto la persona es confrontada con sus propios límites. En este sentido, el rol del médico tiene una función primordial al momento de informar a sus pacientes sobre el espectro de posibilidades que implica acceder a prácticas preventivas: aceptar que en cuanto sujetos finitos y vulnerables, los resultados, independientemente de si son positivos o no, obligan a que la persona esté al tanto de que Rev Med Chile 2017; 145: 790-794


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