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Junio 2017

ÉTICA MÉDICA 791 Desafíos éticos de la medicina preventiva - D. Aurenquea cos, beneficios que no deben ser minusvalorados, ésta también puede provocar daños a los pacientes. En este sentido, la tensión entre el rol de la medicina de no dañar, fortalecer y mejorar la salud de las personas, por un lado, y los posibles aspectos negativos que conlleva el diagnóstico preventivo en personas sanas por el otro, necesita de una reflexión ética para así evaluar el balance entre beneficios y daños involucrados. En la literatura especializada, se observa que la prevención provoca una fragmentación de la salud, que puede ser entendido como expresión de lo que se ha llamado una “medicalización” de la sociedad9-12. Esta considera que el aparato médico se ha vuelto una amenaza para la salud. En este sentido, cada vez más médicos, bioeticistas y filósofos de la medicina reflexionan sobre posibles desventajas de la medicina preventiva. Marcel Verweij advierte en 1999: “Algunos comentadores temen que personas saludables se transformarán en pacientes al convertirse en sujetos de control y consejo médico”13. El médico de familia argentino Esteban Rubinstein, dedicado activamente a promover la prevención entre sus pacientes, sostiene “que en la actualidad existen muchas personas a las que los médicos “enfermamos” mucho antes de su enfermedad se manifieste”14. En lo sucesivo expondré algunos problemas éticos constatados en los relatos de Rubinstein, a los que se vincula la prevención, para luego recurrir a elementos de la teoría y de la filosofía de la medicina para comprender mejor los problemas descubiertos e intentar ofrecer más claridad y/o posibles alternativas. Discusión y análisis El problema de la patologización temprana en la medicina preventiva tiene que ver con dos aspectos: 1) con el posible padecer o sufrir de las personas tras ser clasificadas como sujetos con un riesgo o una disposición; y 2) con la visión condicionada de salud que tienen los médicos con respecto a los involucrados en el diagnóstico. Ahora bien, ambos aspectos se relacionan en directa medida con un aspecto adicional: el significado del tiempo para la comprensión de la salud. La inclusión del problema del tiempo en la medicina preventiva no es en absoluto una teorización arbitraria, sino que se deriva de las experiencias y observaciones en la experiencia Rev Med Chile 2017; 145: 790-794 clínica preventiva. Rubinstein sostiene que luego de transmitir resultados negativos a sus pacientes tras haberse realizados análisis preventivos el aspecto temporal tiene un rol decisivo en cómo se interpretan los resultados. La medicina preventiva sitúa a la persona diagnosticada “en contacto con un tiempo diferente del que venían manejando en la vida cotidiana, el tiempo de la inmortalidad … de toda persona que se siente sana”15. Debido a la confrontación con diagnósticos preventivos pareciera ser que las personas se ven confrontados con sus límites más certeros: vulnerabilidad, muerte y finitud. Para poder adentrarnos mejor en este terreno y en lo posible incluso proponer modos que logren aminorar los efectos negativos de la prevención, me parece acertado recurrir a los aportes de la filosofía. La medicina preventiva pone en evidencia una manera en la que nos relacionamos con el tiempo que el filósofo Martin Heidegger denomina en Ser y tiempo (1927)16 como temporalidad “inauténtica”. Heidegger distingue claramente entre dos formas antagónicas a partir de las cuales existimos. Cotidianamente, según Heidegger, tenemos una comprensión intuitiva del tiempo principalmente fijada en el presente; viviendo como si el tiempo fuera una mera sucesión de eventos que podemos controlar, planear y determinar desde nuestro presente. Se trata así de existir con la convicción (implícita) de que el futuro está disponible de algún modo para nosotros y nuestro arbitrio. La tendencia que tenemos de vivir fijados en el presente, sin pensar en un límite inherente a la existencia lleva consigo, según Heidegger, a que ocultemos aquello que verdaderamente caracteriza nuestra esencia: que somos seres finitos y obligados a proyectarnos hacia un futuro de suyo incierto e igualmente finito. Reconocer lo anterior, permite acercarnos a aquello que él denomina la temporalidad “auténtica”. La experiencia auténtica del tiempo implica para Heidegger el reconocimiento de que nuestro ser no se agota en su aquí y ahora, sino que más bien consiste en un “ser posible” y que desde sí mismo debe determinar sus proyectos, deseos, etc. Para Heidegger el fenómeno que paradigmáticamente evidencia la finitud de la existencia radica en la certeza sobre la muerte. La certidumbre sobre la posibilidad de la muerte constituye el límite más radical de cualquiera de nuestras pretensiones de inmortalidad. Sin un genuino memento mori, un


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