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Febrero 2017

art ículo de revisi ón Terapia simbiótica en pacientes infectados con VIH-1 - M. G. Feria et al conlleva a la producción de colágeno, fibrosis del tejido y disminución de la función del órgano19. Todos estos procesos llevan a la pérdida del control de la infección y al desarrollo del SIDA2. Probióticos, prebióticos y terapia simbiótica A principios del siglo XX se descubrieron microorganismos no patógenos que ejercían una influencia positiva en el hospedero, los cuales se denominaron “bacterias benéficas”9. Según la Organización Mundial de la Salud, los probióticos 222 mejoran la función de la barrera intestinal, promoviendo el crecimiento de bacterias benéficas y la proliferación de células epiteliales9. Microorganismos como Lactobacillus spp., Bifidobacterium spp. y Escherichia coli cepa Nissle son probióticos usados en el tratamiento de enfermedades como diarrea infecciosa, enfermedades inflamatorias intestinales, enterocolitis necrotizante, intolerancia a la lactosa y gastroenteritis viral20. Se ha demostrado que previenen la adhesión y colonización de patógenos y toxinas, induciendo péptidos antimicrobianos y favoreciendo la regulación de la respuesta inmune21. La mayoría de investigaciones realizadas sobre probióticos han demostrado que esta terapia es segura y no genera efectos secundarios22. Por otra parte, los prebióticos se caracterizan por ser alimentos biológicamente activos como carbohidratos, los cuales son fermentados por bacterias intestinales. Los metabolitos resultantes tienen un efecto benéfico en el GALT10. El principal mecanismo de acción de estos compuestos es controlar la disbiosis bacteriana en el tracto gastrointestinal, induciendo el crecimiento de bacterias benéficas como la Bifidobacterium spp. y Lactobacillus sop. y previniendo la unión de bacterias patógenas a células epiteliales23; además, se ha observado que los prebióticos pueden inducir la proliferación y conservación de las células epiteliales, fortaleciendo la integridad de la mucosa gastrointestinal24. De hecho, se ha reportado un efecto benéfico de los prebióticos en el cáncer colorrectal24, la colitis, el estreñimiento y la enfermedad de Crohn25. Entre los prebióticos más utilizados se encuentran la inulina, presente en raíces, tubérculos y rizomas de plantas; los fructooligosacáridos (FOS), presentes principalmente en el banano, la cebolla y el trigo; los galactooligosacáridos (GOS), que se encuentran en derivados de la leche; y las fibras solubles26. Modulación de la respuesta inmune Como se mencionó anteriormente, estos compuestos favorecen la estructura y función de la mucosa gastrointestinal, en donde existe una estrecha relación entre el sistema inmune y la microbiota, que es crucial para la homeostasis del hospedero26. No obstante, existen muchos factores que pueden modular la microbiota intestinal promoviendo la alteración del sistema inmune. Estudios previos han demostrado que el uso de probióticos/prebióticos puede inhibir o inducir una respuesta inflamatoria dependiendo del tipo de microorganismo o compuesto utilizado27. Las células mononucleares de sangre periférica (PBMC) tratadas con Lactobacillus sakei y Escherichia coli Nissle aumentan la expresión de CD69 y CD25 y de citoquinas proinflamatorias como IL-1β, IL-6, TNF-α y GM-CSF en comparación con PBMC tratados únicamente con lipopolisacáridos (LPS)28. Asimismo, algunas especies de probióticos mejoran la actividad de los linfocitos Th17 e inducen una respuesta tipo Th1, favoreciendo la inmunidad celular29. No obstante, se ha demostrado que el uso de probióticos puede aumentar la frecuencia de LT reguladores e inducir la producción de IL-1030, además de regular negativamente la secreción de citoquinas proinflamatorias en PBMC de pacientes con colitis ulcerativa y síndrome de fatiga crónica31. Los probióticos favorecen la conservación de la estructura, integridad y función de la barrera epitelial mediante varios mecanismos: i) mejorando las uniones estrechas entre las células epiteliales, a través de la activación del receptor de crecimiento epitelial de enterocitos (EGF-R)32; ii) aumentando la liberación de mucinas y anticuerpos IgA33,34; iii)  inhibiendo la respuesta citotóxica mediada por linfocitos intraepiteliales35; iv) incrementado la producción de bacteriocinas y defensinas36,37; v) incrementando la citotoxicidad de las células NK38; vi) induciendo la óxido nítrico sintasa en macrófagos que promueve un incremento de receptores tipo Toll y el FegammaRII39; vii) aumentando la producción de IL-1030; y viii) induciendo la producción de SOCS1, la cual inhibe la vía de señalización del NF-κB, reduciendo citoquinas proinflamatorias como la IL-1β y TNF-α40. Por su parte, los prebióticos también tienen un papel importante en la modulación de la respuesta inmune, ya que su fermentación induce la sínte- Rev Med Chile 2017; 145: 219-229


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