Page 117

Febrero 2017

caso cl ínico 253 dad, que en su interior contienen larvas ancladas mediante sus espinas al tejido más profundo, lo que dificulta su extracción. Después del proceso de maduración, cuando la larva alcanza una longitud de 6 a 17 mm, se desprende y cae al suelo para pupar. Bajo condiciones ideales, el ciclo vital se completa en un período de 24 días9. El diagnóstico es clínico. Los antecedentes del paciente, tanto la búsqueda de condiciones predisponentes como la historia de viaje a zonas de mayor riesgo, asociado al hallazgo clínico de las larvas y su posterior identificación en un laboratorio de parasitología son las claves diagnósticas en estos cuadros. Las larvas maduras del estado L3 son las más adecuadas para el diagnóstico, presentando como característica identificadora sus troncos traqueales dorsales de pigmentación obscura, que se extienden desde el segmento duodécimo hasta el décimo o el noveno. Dentro de las opciones de manejo, se describe la oclusión de áreas afectadas, la que se basa en la asfixia de las larvas al bloquearles la comunicación con el exterior, privándolas de oxígeno, lo que las mata o hace que migren hacia la superficie10. Para esto se usan sustancias como petrolato, esmalte de uñas, grasa animal, parafina, gel para el cabello o aceite mineral, entre otras cosas; sin embargo, la necesidad de 24 h de oclusión y la frecuente aparición de reacciones inflamatorias, tipo cuerpo extraño, ha hecho que esta modalidad de tratamiento sea poco utilizada. La extracción manual de las larvas es una medida terapéutica inicial aceptable en estos casos. Para esto se usa anestesia local en la zona afectada, seguido de abundantes lavados con suero fisiológico que ayudan a la eliminación de todos los ejemplares. En ocasiones, es necesaria una escisión quirúrgica pequeña, con el objeto de explorar la zona y así tener la certeza de la total remoción de las larvas11. Otra alternativa terapéutica es la ivermectina, un antiparasitario sintético de amplio espectro, que a pesar de no actuar directamente como larvicida, induce la migración de las larvas hacia el exterior del área afectada. Tanto el uso de una solución tópica al 1% o una dosis oral única de 200 ug/kg de ivermectina, han mostrado ser tratamientos efectivos en esta miasis cutánea por C. hominivorax12, sin embargo, no fue de ayuda en este caso. La mayoría de los casos de miasis cutáneas son evitables, siendo el uso de mosquiteros en las ventanas, repelente, ropa adecuada y un adecuado manejo y cobertura de heridas, las medidas suficientes para prevenir estos cuadros9. La identificación de una larva de dípteros requiere de personal altamente calificado y con la experiencia suficiente. En Chile, el Laboratorio Parasitología Básico-Clínico del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y el Instituto de Salud Pública de Chile son centros de referencia que cuentan con el personal calificado para esta labor. La preservación del espécimen, después de su remoción, debe realizarse de la siguiente forma: sumergir a la larva por 30 segundos en agua caliente (> 80 °C) pero no hirviendo, lo que la mata; posteriormente, la larva debe ser preservada en una solución de etanol al 70-95%13. Debe evitarse el uso de formalina, ya que rigidiza el tejido de la larva, lo que dificulta su posterior estudio14. Conclusión La miasis cutánea por C. hominivorax es una infestación poco frecuente en nuestro país, dado que la mayoría de los casos son importados. A pesar de ser un diagnóstico clínico evidente, requiere de una anamnesis dirigida y el apoyo de un laboratorio de parasitología para la correcta identificación de las larvas. El tratamiento de estos pacientes debe ser oportuno y resolutivo, debido a las posibles complicaciones como también a su fuerte impacto psicosocial. Se presenta este caso clínico por su escasa frecuencia en nuestro medio y presencia masiva de larvas. Referencias 1. Visciarelli E, Costamagna S, Lucchi L, Basabe N. Miasis humana en Bahía Blanca, Argentina: período 2000/2005. Neotrop Entomol 2007; 36: 605-11. 2. Pastor C, Briceño G, Schafer F. Miasis cutánea forunculosa causada por Dermatobia hominis. Rev Med Chile 2013; 141: 1081-2. 3. González M, Comte G, Monárdez J, Díaz de Valdés M, Matamala I. Miasis genital accidental por Eristalis tenax. Rev Chil Infectología 2009; 26: 270-2. 4. Schenone H, Apt W, Vélez R, Bustamante S, Sepúlveda C, Montaldo G, et al. Miasis importada: Siete casos de Miasis cutánea por Cochliomyia hominivorax - P. Calderón et al Rev Med Chile 2017; 145: 250-254


Febrero 2017
To see the actual publication please follow the link above