Page 84

Enero 2017

ARTÍCULOS DE REVISIÓN que la funcionalidad física mejoró con todos los tipos de entrenamiento. El entrenamiento aeróbico de mayor duración fue superior en parámetros 80 como: calidad de vida, dolor y síntomas endocrinos. El ejercicio combinado logró mejores resultados en evaluaciones de fuerza muscular. El entrenamiento aeróbico de mayor duración fue superior al combinado, en evaluaciones de dolor y rendimiento aeróbico. Estos datos sugieren que sesiones de ejercicios de mayor volumen en tiempo son seguras, factibles de realizar y con efectos positivos en varios síntomas deletéreos para la paciente con CM37. En los sobrevivientes Para las sobrevivientes de CM, el ejercicio físico es también ampliamente recomendado y se ha vinculado no solo con mejorías en la calidad de vida, sino también con un aumento en la sobrevida38,39. La ganancia de peso después del diagnóstico de CM es un efecto adverso común de los tratamientos antineoplásicos, acentuado en sobrevivientes que presentan bajos niveles de AF40. Pacientes con sobrepeso u obesidad al momento del diagnóstico o con ganancias de peso importante durante el tratamiento presentan menores tasas de sobrevida41. El ejercicio físico modularía el nivel de estrógenos42, disminuiría la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia43, factores que explicarían una mejoría en la sobrevida. Una revisión sistemática, que incluyó 3.700 pacientes, analizó el efecto de distintos programas de AF en la calidad de vida de sobrevivientes de cáncer, encontrando que el efecto fue positivo en distintos dominios de la calidad de vida relacionada a la salud y fatiga, confirmando un efecto positivo de la incorporación de AF en esta población38. Un estudio de una cohorte prospectiva de casi 3.000 sobrevivientes de CM sugiere que niveles altos de AF se asocian a una disminución del riesgo de recurrencia y mortalidad específica por la enfermedad. El mayor beneficio se observó en las mujeres que caminaban entre 3 y 5 h por semana39. Prescripción del ejercicio La prescripción de ejercicio en pacientes con CM debe ser individualizada, tomando en cuenta Actividad física y cáncer de mama - K. Ramírez et al tanto los efectos del cáncer y del tratamiento en la capacidad funcional, considerando modo, intensidad, duración, frecuencia y progresión del ejercicio44-46. La mayoría de los estudios han evaluado 5 a 12 semanas de ejercicio (durante los tratamientos antineoplásicos), 3 a 5 veces por semana, incorporando ejercicios de resistencia y aeróbicos de moderada a vigorosa intensidad por 30 a 60 min y, generalmente, utilizando la marcha como ejercicio38. La marcha es conveniente para muchos pacientes sin tener en cuenta edad o estado de enfermedad; se puede continuar a través de las distintas fases de la enfermedad y no requiere de recursos costosos o especializados44,46. No obstante, el ejercicio físico tiene riesgos inherentes. La evidencia ha reportado escasas complicaciones en pacientes oncológicos sometidos a programas de actividad física supervisada, porque los criterios de exclusión en los ensayos clínicos descartan a los pacientes susceptibles de desarrollar eventos adversos, tales como aquellos con patología cardiopulmonar sin control médico, caquexia severa, metástasis óseas, entre otras16. Es por ello que, previo a su prescripción, es necesaria la evaluación específica de posibles factores de riesgo o antecedentes cardiopulmonares y neurológicos. Se debe tener especial cuidado en pacientes que estén recibiendo quimioterapia con probables efectos colaterales a nivel cardio-pulmonar, y en aquellos que presentan etapas avanzadas de la enfermedad44-46 (Tabla 3). En las pacientes con CM sometidas a cirugía, especialmente con disección y/o radioterapia axilar, existe el temor de que el ejercicio sea un desencadenante de linfedema en el brazo ipsilateral, el cual se desarrolla cuando la carga linfática excede la capacidad de transporte linfático47. Algunos estudios han usado ejercicio de resistencia en sus intervenciones, encontrando que las pacientes no desarrollaron ni empeoraron, en el caso que corresponda, linfedema de la extremidad11,12. Además, se recomienda que todo programa de AF sea dirigido y supervisado por un profesional del área de la rehabilitación, con experiencia y formación en el área oncológica y ciencias de la actividad física, para monitorear la respuesta al ejercicio y de este modo regular y ajustar el programa según el estado físico o emocional de cada paciente46,48 (Tabla 4). Rev Med Chile 2017; 145: 75-84


Enero 2017
To see the actual publication please follow the link above