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503 artículo de revisión Dieta mediterránea y enfermedad de Alzheimer - A. Miranda et al de EA. En específico, se ha observado que en las personas adultas, entre 40 y 64 años, se relaciona la presión arterial elevada con un mayor riesgo de padecer deterioro cognitivo, demencia y EA25; esto se debería a que la hipertensión afectaría la integridad de la barrera hematoencefálica, provocando extravasación de proteínas hacia el tejido cerebral, conduciendo a daño celular, reducción de la función sináptica, apoptosis y mayor agregación de Ab26. Los factores de riesgo detallados anteriormente pueden ser manejados y prevenidos manteniendo un estilo de vida saludable, el cual se relaciona con una dieta adecuada y ejercicio. En base a lo observado a través de diversos estudios, se recomienda el consumo y una alta adherencia por una dieta mediterránea, tema al cual referencia este artículo de revisión. Dieta mediterránea y enfermedad de Alzheimer En la década de los 60, los resultados de un estudio epidemiológico desarrollado por Ancel Keys27 en donde se analizaron los aspectos dietéticos y el estilo de vida de las personas, demostraron que la población que habitaba en las cercanías del mar Mediterráneo presentaba menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, lo cual se correlacionó con la alimentación, naciendo a partir de ese momento el concepto de dieta mediterránea28. Una dieta mediterránea se traduce en una alimentación rica en vegetales, frutas, legumbres, cereales y aceite de oliva, una baja ingesta de carnes rojas y grasas saturadas, moderado consumo de pescados y huevo, acompañando las comidas con especias e ingesta de vino en baja a moderada cantidad28. Los hábitos alimenticios de las personas pueden repercutir de modo importante en la prevención o desarrollo de enfermedades como por ejemplo la EA29; es así como los resultados de una serie de estudios epidemiológicos realizados han relacionado una elevada adherencia a la dieta mediterránea con una mayor longevidad, menor prevalencia de enfermedades crónicas y una reducción en un 10% del riesgo de eventos cardiovasculares30, además de disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y EA31 independiente de si la persona realiza o no actividad física con regularidad32. Por el lado contrario, una baja adherencia a la dieta mediterránea ha sido vinculada con una mayor predisposición a padecer deterioro cognitivo leve y EA33, razón por la cual se establece que esta dieta podría poseer un rol neuroprotector debido a su efecto antiinflamatorio, la diminución del estrés oxidativo y la protección cardiovascular que genera34. Además de la dieta, se establece que la realización de actividad física en forma regular provoca un aumento del flujo sanguíneo, mejora la oxigenación y el aporte de glucosa a nivel cerebral, además de activar factores de crecimiento que promueven un aumento en la densidad capilar cerebral3,35. La estimulación de la actividad cerebral e intelectual a través de juegos, puzzles, crucigramas y el fomento de la lectura tendría también un rol favorecedor en la protección contra el desarrollo de EA15. En el año 2006, se realizó un estudio de tipo prospectivo buscando relacionar el consumo de dieta mediterránea con el riesgo de padecer EA, obteniéndose como relación una disminución entre 9 a 10% del riesgo. Así como este estudio, existen otros que lograron relacionar de alguna manera la dieta y la EA, sin embargo, no todos los estudios han sido concluyentes en lograr correlaciones. Esto podría deberse a la dificultad de homologar los estudios, ya que las condiciones geográficas, culturales, sociodemográficas y ambientales no pueden ser controladas y podrían interferir con los resultados que se obtengan36,37. Efecto antiinflamatorio de la dieta mediterránea La inflamación juega un rol preponderante en la patogénesis tanto de la EA como de las enfermedades metabólicas. Diversos estudios han comprobado la presencia de niveles aumentados de marcadores inflamatorios en pacientes con EA, entre los cuales se encuentran el TNF-a, IL-6 e IL-1b21,38. El efecto antiinflamatorio observado en pacientes con alta adherencia a la dieta mediterránea se traduce en una disminución en marcadores inflamatorios a nivel plasmático como la proteína C reactiva ultrasensible (PCRus), la cual aumenta en presencia de placas seniles y fibrillas30,3), y la IL-629. El consumo de alimentos que aporten ácidos grasos omega 3 se asocia con la disminución del riesgo de demencia y deterioro cognitivo, debido Rev Med Chile 2017; 145: 501-507


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