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artículo de revisión Figura 1. Representación de sitios de escisión de los diferentes tipos de secretasa en la Proteína Precursora Amiloide. 502 Dieta mediterránea y enfermedad de Alzheimer - A. Miranda et al Rev Med Chile 2017; 145: 501-507 La aparición de los ovillos neurofibrilares es ocasionada por hiperfosforilación de la proteína tau, perteneciente a la familia de proteínas asociadas a microtúbulos (microtubule-associated proteins, MAPs), la cual participa del proceso de polimerización y estabilización de los microtúbulos neuronales y del proceso de transporte de ciertas sustancias a través del axón. Este proceso se encuentra relacionado con el péptido Ab, ya que el depósito de éste induce la activación de vías de señalización neuronal implicadas en la fosforilación de tau, la cual cuando se hiperfosforila posee menor afinidad por los microtúbulos ocasionando disfunción neuronal y neurodegeneración4,7-9,12,13. La presencia de placas neuríticas y ovillos neurofibrilares activa procesos inflamatorios y apoptóticos, ocasionando muerte neuronal y, con ello, alteración de ciertos neurotransmisores claves en la progresión de la EA como acetilcolina y glutamato4. Factores de riesgo cardio-metabólicos de enfermedad de Alzheimer Los factores de riesgo asociados a la EA se clasifican en modificables y no modificables. Los factores modificables engloban a las enfermedades cardio-metabólicas como la diabetes mellitus tipo 2 (DM II), el síndrome metabólico (SM), dislipidemia, hipertensión arterial y la obesidad, ésta última relacionada con el sedentarismo, falta de actividad física y una dieta no equilibrada14-16. Un meta-análisis realizado por Profenno et al. reafirmó que la DM II incrementa el riesgo de EA. Además, las complicaciones micro y macro vasculares asociadas a la DM II pueden aumentar el riesgo de padecer demencia vascular17. La hiperglicemia e hiperinsulinemia se relacionan con una mayor acumulación de Ab a nivel cerebral, lo cual ocurre debido a una disminución en la eliminación de Ab desde el cerebro. En este proceso participa la IDE (insulin degrading enzime), enzima que a su vez tiene como sustrato a la insulina, generándose una interferencia en la eliminación cerebral de Ab, lo cual favorece su acumulación, incrementando el daño que éste ocasiona18. En la DM II hay producción de compuestos de glicosilación avanzada, proceso que es perjudicial puesto que Ab tiene mayor tendencia a agregarse cuando se encuentra glicosilado, potenciando así el daño cerebral. En estos pacientes se ha identificado un péptido denominado amilina, el cual tiende a depositarse y agregarse con Ab a nivel cerebral, formando placas y contribuyendo de esta manera a la progresión de la EA19. Cifras extraídas del meta-análisis de Profenno et al., revelan que la obesidad aumenta en 59% el riesgo de padecer EA20. Debido a la gran cantidad de tejido adiposo que presenta la mayoría de estos pacientes, ocurriría una mayor generación de citoquinas pro-inflamatorias, aumentando el estrés oxidativo. Algunas adipoquinas como leptina, TNF-a e IL-6 son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica afectando la función cerebral, predisponiendo al desarrollo de procesos patológicos21,22. Se plantea que el tejido adiposo incide en la etiopatogenia del deterioro cognitivo23, lo cual se evidencia en un aumento en la fosforilación de tau en aquellos pacientes que presentan obesidad, DM II y disfunción de leptina, predisponiendo al desarrollo de EA24. La dislipidemia aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, las cuales constituyen factores de riesgo


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