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Abril_2107

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN Discusión Diabetes gestacional asociado a grupo ABO - A. Huidobro et al Este estudio sugiere una asociación negativa entre la presencia del antígeno B del grupo ABO y el desarrollo de diabetes gestacional. Si bien, la incidencia de DG obtenida en este estudio es mayor que la descrita para otros países10, llama la atención que se encuentra por debajo de la publicada para nuestro país, en Santiago, en los años 2002 y 200311,12. Lamentablemente, 434 no contamos con cifras regionales de DG, ya sea de la época o actuales. Sin embargo, contamos con datos de la Encuesta Nacional de Salud de 2010, que muestran una prevalencia de obesidad en la región del Maule que no difiere del promedio nacional. Esta misma encuesta mostró una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad en la mujer embarazada, que superaba a 50% y que la obesidad aumenta considerablemente con la edad desde 7,5% en las menores de 15 años hasta 31,1% en las de 35 a 44 años13. Según la Guía de Diabetes y Embarazo del Ministerio de Salud de Chile 2014, las mujeres de nuestro estudio son menos obesas que las mujeres embarazadas chilenas de 201214, lo que podría indicar que la obesidad en este grupo de la población en particular, va en aumento y, consecuentemente, también lo hará la diabetes gestacional. En cuanto a la distribución del grupo ABO, esta es comparable a la publicada para una población santiaguina en Chile en 199015. En nuestro estudio se corrobora que la edad es un factor de riesgo para DG, coincidiendo con otros investigadores internacionales12,16-18, lo cual podría reflejar el deterioro de la capacidad secretora de insulina propia de la edad, que no es capaz de vencer la insulino resistencia desarrollada o acentuada con el embarazo. Al igual que la mayoría de los estudios de factores de riesgo en diabetes, este estudio corrobora la asociación con IMC en el desarrollo de DG18,19, apoyando la teoría del exceso de grasa como productor de niveles bajos de inflamación crónica que aumentan la resistencia a la insulina. Si bien a mediados del siglo XX se documentó una relación entre factor Rh y el desarrollo de diabetes mellitus tipo 25, el presente estudio no apoya esta relación con DG. En cuanto a la relación entre diabetes mellitus y el sistema ABO, nuestro estudio apoya fuertemente esta asociación, pero en el sentido opuesto al que muestran los pocos estudios previos disponibles, demostrando que el grupo B es protector con independencia de los otros factores tradicionales de riesgo estudiados. La ausencia de DG en el grupo sanguíneo B, es un hallazgo que se condice con lo descrito en el estudio de Bose20, cuya investigación arrojó una incidencia de DG de 0,71% entre 980 mujeres de edades similares a las del presente estudio y mostró menor prevalencia de grupo sanguíneo B en mujeres con DG. Cabe destacar que la población asiática es mayoritariamente del grupo B. En el estudio de Shimodaira, otra población oriental mostró que tanto el grupo O como A y B eran protectores de DG comparados con el grupo AB9, lo que se contradice parcialmente con nuestro estudio, donde la presencia del antígeno B aparece como protector. En otro estudio en 14.198 embarazadas con DG según criterio de la International Association of Diabetes and Pregnancy Study Group, Zhang encontró que los grupos A, B y O estaban más asociados a DG que el grupo AB8, hallazgo completamente opuesto al de Shimodaira. Diferencias genéticas en población japonesa, en comparación a la china, así como factores culturales, podrían dar cuenta de las contradicciones entre los estudios de grupo ABO en estas poblaciones y justifican estudiar distintas poblaciones junto con posibles factores confundentes e interacciones que puedan dar cuenta de la verdadera asociación entre DM2/DG y grupo ABO. Nuestro estudio adolece de los problemas habituales de los estudios retrospectivos, en los que la falta de datos y la confiabilidad de los mismos se asocian a sesgos de clasificación. En este caso, la falta de antecedentes familiares nos impidió analizar esta variable como factor de riesgo. Sin embargo, el hecho de tener la mayoría de los datos sobre grupo sanguíneo y que el porcentaje de datos ausentes fuera el mismo en casos y no casos de DG, descarta razonablemente sesgos de selección. La asociación encontrada, de ser corroborada por nuevos estudios, da pie para profundizar en los mecanismos de producción de DG, como, por ejemplo, la asociación de los antígenos AB con la presencia de marcadores de inflamación descrita en estudios GWAS21. En conclusión, este estudio sugiere que el grupo sanguíneo B se asocia negativamente al desarrollo de DG y que el antígeno B podría ser un marcador negativo del desarrollo de DG. El estudio corrobora que la edad y el IMC son Rev Med Chile 2017; 145: 431-435


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