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Abril 2016

Historia de la medicina Escrófula: de la discrasia humoral a la consunción - I. Duarte et al término más usado era struma, derivado de struo (apilar, amontonar). Otra palabra asociada era glans (bellota) y su diminutivo glándula al referirse a tumefacciones de la garganta, cuello y región inguinal3. En el ámbito de la medicina griega clásica, el libro Perí ton adénon oulomelíes, incluido en el Corpus hippocraticum, trata de los ganglios linfáticos. Los describe como constituidos por sustancia esponjosa y friable, que al tacto parece de lana. Están presentes en gran número y tamaño en las partes huecas del cuerpo, las articulaciones, en regiones ricas en sangre y en otras partes húmedas. Se les atribuye la función de drenar y asumir la humedad procedente de aquellas zonas y la que se origina en los esfuerzos físicos. Habitualmente, la cabeza se llena de humedad y de vapores que recibe del resto del cuerpo. Si la cabeza relaja su atracción, se produce flujo a las glándulas: si el flujo es escaso, pueden controlarlo, pero cuando es copioso y morboso, con carácter de flema, se agrandan las glándulas, sobreviene fiebre y se forma la escrófula, que luego puede sufrir erupción4. En el segundo libro de las predicciones del Corpus hippocraticum se afirma que los niños son los que más sufren de tumefacciones escrofulosas, las que fácilmente curan en forma espontánea5. En el siglo I d.C., Celso comenta que el carácter grave y tenaz de las enfermedades escrofulosas explica la multiplicidad de remedios que se proponen, 504 con diversos resultados. Un ungüento de los que menciona consiste en una pomada de lirio, a la que se incorporan los siguientes elementos machacados: resinas, pánace, amoníaco, bedelio, cera, sebo de toro, romero y pimienta6. Galeno, en el siglo II d.C., pensaba que la afección puede originarse en una úlcera que se produce en un enfermo pletórico, la cual se convierte después en un bubón y este en una afección escirrosa “que llaman escrófula”. Cuando esta última afección se hace estable puede ser considerada por algunos como primaria, es decir, como si hubiera aparecido por idiopatía, en circunstancia de que se desarrolló por simpatía con la afección inicial. En relación con el tratamiento quirúrgico, relata el caso de un médico ignorante y rústico que al amputar masas escrofulosas cervicales, separó con las uñas los elementos anatómicos, desgarrando los nervios recurrentes: de esta forma curó al niño de sus tumoraciones, pero lo dejó mudo7. En los albores de la Edad Media, el escritor médico Cassius Felix explicaba en el siglo V lo siguiente: “Las escrófulas son cuerpos redondeados implantados en los tendones, arterias, venas y membranas musculares ... Cuando se desarrollan en las áreas glandulares a ambos lados de la garganta duelen, y sobresalen como el cuello abultado de una cerda: por eso se llaman scrofae. Son difíciles de curar. Se originan en formaciones ocupadas por un humor malsano. Hay también otra clase de escrófulas, no muy adheridas a la piel, como flotando. Se multiplican como cerdos: por eso, nuevamente, se llaman scrofae. Como dijimos, se originan en regiones glandulares como el cuello, la axila y la ingle”3. La monja renana Hildegard von Bingen, en el siglo XII, nombra veintiséis productos para tratar la escrófula. Diez son de origen vegetal, quince de origen animal y uno consiste en hielo fósil. Algunos se aplican pulverizados formando una cataplasma o un ungüento con grasa; otros se administran oralmente crudos o en puré. Recomienda algunos sólo para tratar escrófulas intactas, como la lechuga espinosa que se unta con miel. Otros, exclusivamente para tratar escrófulas fistulizadas, como el ungüento preparado con el cuerpo pulverizado de un estornino8. La obra Regimen Sanitatis atribuida a la escuela Médica de Salerno en el siglo XII, sentencia que “el higo en cataplasma deshace la escrófula, los tumores y las tumefacciones ganglionares”9. El médico británico Gilbertus Anglicus, en el siglo XIII, afirma que las escrófulas “...suelen ser la causa de la sarna, tiña, gangrena, cáncer, fístula, etc.”10. Como tratamiento aconseja favorecer la supuración, generalmente con emolientes o cataplasmas. Cuando se ablanden pueden abrirse con la lanceta y dejar escapar el pus gradualmente. Como el proceso es tedioso, prefiere la remoción total de las glándulas con el cuchillo, siempre procurando no cortar una glándula que no pueda ser bien aprehendida con la mano y traccionada desde su base. Por su parte, John of Gaddesdenn, médico inglés en el siglo XIV, da una larga lista de remedios, que incluye un método local en base a caracoles y regaliz11. Como opción válida de tratamiento, ambos autores ingleses recomiendan llevar al enfermo ante la presencia del rey, porque aducen que la escrófula se conoce también como morbus regius o “mal del rey”, porque el monarca puede curarla tocando al enfermo. Rev Med Chile 2016; 144: 503-507


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