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Abril 2016

491 artículo de revisión de su calidad de vida comparada con aquellos que no presentaban estas dos patologías (p < 0,0001), sugiriendo que una adecuada evaluación y manejo debe ser realizada con el fin de descartar la presencia de otras patologías digestivas que puedan alterar su calidad de vida30. En el caso de la EII, la calidad de vida se ve afectada significativamente, en especial durante los períodos de crisis, aumentando su compromiso de acuerdo a la severidad de la enfermedad8. El deterioro de la calidad de vida de los pacientes con EII es consecuencia de la cronicidad de la enfermedad, la imposibilidad de predecir su evolución, la severidad de sus crisis, la necesidad de hospitalizaciones y cirugía y la posibilidad de eventos adversos a los fármacos utilizados para su tratamiento. El hecho que la enfermedad tenga períodos de remisión y actividad genera estrés en el paciente, lo que compromete la adherencia al tratamiento y a las recomendaciones dadas por el equipo de salud, aumentando en consecuencia el riesgo de recaída y empeorando la calidad de vida19. Pacientes con EII presentan un mayor grado de preocupación por las complicaciones de la enfermedad y riesgo de depresión, en comparación con otras enfermedades crónicas como artritis reumatoidea, asma o migraña21. Diversos estudios han descrito factores que estarían asociados a un deterioro en la calidad de vida de los pacientes con EII. Dentro de ellos destacan pacientes mujeres, que presenten un mayor grado de estrés, menor apoyo social, un mayor número de recaídas de su enfermedad, síntomas persistentes después de 10 años de seguimiento y una pensión de invalidez por EII31,32. La EC es una enfermedad heterogénea que puede presentar tres fenotipos distintos (inflamatorio, penetrante y fistulizante), los cuales resultan de una compleja interacción entre factores genéticos, inmunológicos y ambientales. Recientemente, un estudio que incluyó 361 pacientes con EC sugiere que aquellos pacientes con un retraso en el diagnóstico presentan una peor calidad de vida33. Esta asociación puede ser explicada por un mayor fracaso al tratamiento médico y necesidad de cirugía en pacientes con diagnóstico tardío y una mayor frustración debido a síntomas no controlados por sí mismos. El déficit de vitamina D es frecuente en pacientes con EII, incluso en aquellos diagnosticados recientemente34. Bajas concentraciones de esta vitamina estarían asociadas a un aumento en la actividad de la CU y EC34. Recientemente, Hlavaty et al. han sugerido que concentraciones disminuidas de vitamina D estarían asociadas a una baja calidad de vida en pacientes con EII. La suplementación de vitamina D hasta alcanzar concentraciones séricas de 50-59 ng/ml permitiría mejorar su calidad de vida35. En relación al tratamiento, infliximab, un seguro y efectivo agente biológico para el tratamiento de la EII, ha demostrado mejorar de manera significativa la calidad de vida al compararlo con el grupo tratado con terapia convencional36. Esto se podría explicar por la remisión clínica continua y la curación de la mucosa cuando se utiliza esta terapia. La medición de la calidad de vida no sólo es importante en la evaluación clínica, sino también en el manejo terapéutico del paciente. El equipo médico tratante debe ser capaz de identificar las necesidades del paciente, tratar de encontrar las mejores opciones para ellos y planificar un cuidado de su estado de salud, de tal manera que la calidad de vida de ellos sea mejor. Los instrumentos para medir calidad de vida relacionada a la salud, entregan una importante información acerca de la percepción de los pacientes sobre su enfermedad y cómo las estrategias terapéuticas utilizadas la afectan. Para medir la calidad de vida en la práctica clínica es importante que estos instrumentos sean breves, efectivos, validados, confiables y aplicables a todos los pacientes con EII. Sin embargo, la mayoría de las herramientas utilizadas en la actualidad son largas y consumen tiempo, lo que explica su bajo uso en la práctica clínica. Los instrumentos clásicos para medir calidad de vida son el SF-36 y el SF-12, los cuales se han utilizado en algunos estudios en EII32,36,37, pero no son específicos para esta patología. El instrumento más comúnmente utilizado en la práctica clínica y en los estudios es el IBDQ31,32-36,38 desarrollado en la Universidad de McMaster, Ontario, Canadá, el cual consta de 32 preguntas39. Este cuestionario se encuentra traducido y validado al español38. Recientemente, Alrubaiy et al desarrollaron un nuevo cuestionario (CUCQ-8) que aplicaron en 205 pacientes con EII, demostrando que podría ser un método más corto y eficiente para evaluar la calidad de vida en pacientes con EII40, el cual debe ser utilizado por otros grupos para poder validar su uso en la práctica. Manejo integral de la EII - D. Simian et al Rev Med Chile 2016; 144: 488-495


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