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Abril 2016

Figura 1. TAC abdominal: ateromatosis severa y calcificada aórtica (a); inflamación periaórtica extensa (b); neumoretroperitoneo (c); hematoma retroperitoneal (d) y rotura aórtica (e); af: bypass axilo- bifemoral. 537 cartas al editor / letter to the editor gasintravascular, hematoma retroperitoneal de 63 x 65 x 70 mm con extravasación de contraste (sugiriendo sangrado activo; Figura 1d) y discontinuidad/rotura de la pared aórtica (Figura 1e). El paciente fue intervenido confirmándose el diagnóstico de aortitis infecciosa abscedada con hematoma retroperitoneal secundario a rotura aórtica; tras desestimar la reparación aórtica por su severa calcificación, se realizó packing endoluminal con “surgicel”. Dos hemocultivos fueron positivos para Salmonella enteritidis y los cultivos del absceso periaórtico para Stafilococcus epidermidis, añadiéndose al tratamiento daptomicina 700 mg/24 h durante 9 días. Pese al tratamiento intensivo ya la antibioterapia prolongadade amplio espectro (posteriormente se pasó a tratamiento con piperacilina/tazobactan 4 g/0,5 g cada 6 h y gentamicina y, finalmente, a ciprofloxacino 500 mg/12 h durante más de 6 semanas) la evolución clínica y radiológica del paciente fue tórpida (persistiendo síndrome febril e imágenes de colecciones en la TAC similares pero sin sangrado activo) y, tras otro episodio de sepsis grave con hemocultivos y coprocultivos positivos para Salmonella enteritidis, falleció pasados 4 meses de la intervención. Salmonella puede causar, entre otras, infecciones vasculares predisponiendo a ello la diabetes y la enfermedad ateroesclerótica preexistente. La arteria mayoritariamente afectada es la aorta (generalmente la abdominal y, concretamente, su porción infrarenal) convirtiéndose así en la primera agente causal de aortitis infecciosa (Salmonella enteritidis es la segunda especie en frecuencia implicada). La clínica de la aortitis abdominal suele ser subaguda e inespecífica, generalmente con fiebre y dolor abdominal, y raramente con gastroenteritis; en los exámenes del laboratorio apenas suele destacar una leucocitosis moderada, por lo que su diagnóstico requiere de un alto índice de sospecha1,2; los hemocultivos y menos frecuentemente, los coprocultivos, suelen ser positivos para Salmonella, siendo el TAC con contraste la prueba de imagen diagnóstica de elección. La aortitis generalmente lleva a la formación de un aneurisma (aneurisma micótico) y, más raramente, al crecimiento de uno preexistente. Su mortalidad global es alta: 96% de pacientes tratados médicamente (70% por rotura aórtica) y 40% de aquellos bajo tratamiento médico más quirúrgico. Es por esto que, para mejorar la supervivencia, resulta de vital importancia realizar su diagnóstico e iniciar antibioterapia lo antes posible. Con posterioridad, el tratamiento que se recomienda realizar es quirúrgico, consistiendo en la resección de la aorta infectada junto con la realización de un extenso desbridamiento e implante de un injerto vascularin situ (sobreviven la mitad de los casos) o, lo que es de elección, realizar un bypass extra anatómico, generalmente mediante un injerto axilo-bifemoral (sobreviven 77%)3. La duración total del tratamiento antibiótico no está bien definida pero se recomienda que, al menos, se prolongue 6 semanas tras la cirugía e, incluso, que se continúe con tratamiento oral (con ciprofloxacino o trimetoprim-sulfametoxazol) a más a largo plazo3. Más recientemente, y como alternativa a la cirugía, se reportaron casos de reparación aórtica endovascular1,4,5. Delicia I. Gentille Lorente Servicio de Cardiología. Hospital de Tortosa “Verge de la Cinta”. IISPV. Tortosa, Tarragona, España. Rev Med Chile 2016; 144: 534-543


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